domingo, 15 de junio de 2008

Los pobres y la clase media (2º parte)

I.
Santa Fe y Callao. Atardecer frío. Una cincuentona le tira los pelos a otra. Le arrastra con furia la cabellera roja. Varias insultan. “¡Denle la espalda!”, proponen. La colorada se aleja.
–¿Qué pasó? –pregunta el cronista, recién llegado.
–Es paraguaya. Preguntó por qué cortábamos la calle. ¿Por qué no se va a Paraguay?, le dijimos –explica una mujer, vincha celeste y blanca.
II.
–El Gobierno quiere generar caos. Es autoritario. Hacen todo para reprimir y mandar a la gente en cana –cuenta un hombre de 40 años.
–Reprimieron –dispara el cronista.
–¡Claro! A De Angeli.
–¿Hubo heridos?
–No.
–¿Los golpearon?
–No. Subieron a 19 a un camión. Ya los liberaron.
Los hijos de los campesinos no vinieron. Edad promedio: medio siglo. Dos carteles: “Basta de odio, Cristina” y “Alí KK y sus 40 ladrones”.
“Son desastrosos. Les sacan la plata a los campesinos”, explica una anciana, setenta largos, tapado de piel, varias capas de pintura.
–¿Les sacan porque son ricos? ¡Si son ricos que lo disfruten! Las retenciones son inconstitucionales, tengo hijos abogados. Fernández dijo que no iban a lastimar a nadie y Gendarmería lastimó a un montón de gente, mujeres, chicos. ¡Son todos montoneros!
–¿Recuerda una represión semejante?
–Sí, cuando se fue De la Rúa.
–En 2001 hubo decenas de muertos.
–El problema es que acá se oculta todo, hijo –explica.
–¿Salió a la calle en 2001?
–No, mi marido no me dejaba. Pero ahora soy viuda –celebra.
Su compañera interviene. “Soy jubilada, fui empleada pública. Esta mujer odia al pueblo. Lo explicó el cura en lo de Grondona. ‘El Gobierno necesita una figura maternal’, dijo. ¿Vos sos periodista?” El cronista asiente. “¡Odia a los periodistas! Lo veo por la televisión, porque ni diarios leo –confiesa–. Menem robaba pero era vivo, compraba casas. Esta habla del marido... ¡Hace quince años están separados! Y tiene un montón de amantes. ¿Por qué creés que la hija no la quiere? Mirá la chilena. Le mataron al padre y fue al velorio de un general. ¿Sabías que a las viejas les dan una subvención?
–¿A las Madres de Plaza de Mayo?
–Sí, esas que tienen los hijos en Francia. Las tienen de idiotas útiles.


Por Diego Martínez, en Página/12 de hoy.

Los pobres y la clase media

"Mi propia madre, que en su juventud era empleada en un comercio, me contaba cómo la habían llevado 'por la fuerza', una vez, a la Plaza de Mayo, y cómo por ese atropello, que debe haber sido cierto, supongo, toda su vida odió al peronismo. Pero también pude observar, como hija de mi madre, que le repelían los cabezas, los negros, los pobres cuando se organizaban. El pobre suelto, el que tocaba a su puerta para pedirle pan, era bienvenido para que ella ejerciera sus actos caritativos. El pobre junto al pobre, buscando salir de su pobreza, organizado, era para ella un exceso insoportable"
Sandra Russo en la contratapa de Página/12 de ayer.

viernes, 6 de junio de 2008

Cursilerías cetáceas




Hace unos días le hice una entrevista al tipo que más sabe de ballenas. Se llama Roger Payne y, entre otras cosas, descubrió cómo identificarlas y su canto (sí, las ballenas cantan y se pueden escuchar a 20.000 km de distancia; escuchar el sonido que emiten es increíble, aunque es cierto que uno no puede sustraerse del capítulo de Los Simuladores, pero, bue, es impresionante escucharlas).
Lo que sigue a continuación es un recuadro que, finalmente, no salió por cuestión de espacio. Es medio cursi, pero a veces está bien serlo. Qué se yo.
Cuando el cronista de esta nota –que es una ciudad cercana a la casa de las ballenas– se puso a pensar en cómo iba a hacer la nota, se le vino a la cabeza su mejor recuerdo con nuestras amigas del mar. Y escribió esto: “Era invierno y con un amigo fuimos a pescar a una playa inhóspita, El Pedregal, cerca del Golfo Nuevo. Estabamos solos, el mar, las gaviotas, los guanacos y todo el desierto patagónico detrás de nuestras espaldas. Con la mirada podía divisarse el contorno del golfo y los escalones de la meseta. No había pique. De repente, hacia nuestra izquierda, vimos que el agua se agitaba un poco. Nos quedamos perplejos y expectantes. Sabíamos que era una de ellas. Y no venía sola, un ballenato la acompañaba. Avanzaron lentos, con esa parsimonia que las hace únicas. Pasaron al frente nuestro, a no más de 5 metros. Nosotros seguíamos impávidos y callados. Solo se oían las olas rompiendo en la costa y el suave movimiento de esas grandes bestias asomándose en el agua. La naturaleza nos apabulló, éramos intrusos y, al mismo tiempo, testigos privilegiados de un espectáculo que recién hoy, escribiendo esta nota, aprendo a valorar. En ese momento me sentí extraño y bien chiquito frente a tanta inmensidad. Hace bien sentirse así, porque uno aprende que somos nosotros, los humanos, quienes deben redimirse a la naturaleza, y no al revés. Y hace bien, porque nos ubica en el lugar exactamente contrario a esa omnipotencia que nos hace creer que el mundo está a nuestra merced”.

martes, 3 de junio de 2008

Un gato del barrio


En el medio de la manzana, entre los techos y terrazas de las casas. Ahí vive este hermoso ejemplar. Al lado su tacho con el morfi. Le da de comer una señora. No sé el nombre. ¿Tendrá?

domingo, 1 de junio de 2008

Made in China (II)


Unas de las cosas que pasaron mientras este blog estuvo stand by fue la triste partida de los –mis– chinos del mercado, donde día a día pasaba para aprovisionarme de mi sustento diario. Sí, mis queridos waikikis me dejaron para siempre. Y sin despedirse. Una tarde pasé a comprar galletitas para tomar mates y me encontré con la persiana baja y ruido del otro lado, ruido de obra. Descarté las vacaciones, pero pensé que estarían haciendo alguna reforma. Pasaron las semanas y, un día, de refilón, desde la otra esquina, ví luz y salí disparado al negocio. Pero para mi sorpresa me encontré con otra familia de chinos. Qué pasó. Adónde están. ¿Serán familiares de China? Nada de eso. Habían vendido. Y se fueron, sin despedirse. En los 5 años que compartimos jamás pude saber el nombre de él. Pero sí me había encariñado con Lili, que la había visto crecer en medio de las góndolas desde el 2003. A los días, los nuevos me contaron que sus antecesores se habían separaron, que él volvió a las tierras de Mao y ellas estaban en Canadá.

La nueva familia repite la historia. Son tres: él, ella y un bebé. Pero con ellos ya hablé más en unos meses que con los waikikis en 5 años. Tanto hablé que ya sé el nombre de los tres: él, Jo; ella, Ni; y el bebé, Alberto, un pequeño que nació hace 8 meses acá, y que según su padre es “bien argentino”.

lunes, 26 de mayo de 2008

Democracia tachera


Vuelvo a casa en un taxi pagado por la empresa donde trabajo. Vamos callados, él, el chofer, y yo, el pasajero. Igual, estoy decidido a hablar, a hacerle una pregunta. Más temprano, otro taxista, más joven, me dijo que por día un tachero hace unos 250 kilómetros de recorrido. Quiero chequear el dato. Pregunto y me confirma la cifra. La verdad es que no deja de sorprenderme ese número.
–¿Hace cuánto que es taxista?
–Tengo 57 y empecé a los 18, así que hacé la cuenta.
–¿Cuántos kilómetros habrá recorrido entonces, no?
–Y, hacé la cuenta –me repite con tono socarrón.
Así vamos, anécdota va, anécdota viene, todas de él, obvio (entre ellas me cuenta que un día llevó a De la Rúa cuando era presidente: “Yo no le quise cobrar, pero el me tiró 50 pesos en el asiento de adelante”), hasta que se me ocurre preguntarle qué fue lo que más cambio en las calles de Buenos Aires desde que él empezó hasta la actualidad. Mi prejuicio me adelanta posibles respuestas. La que se lleva todos los premios es el flamante, aunque ahora relegado por la inflación, tema de la inseguridad. Pero no. El tipo me sorprende, los taxistas siempre están un paso más adelante que todos nosotros, ignotos e ignorantes pasajeros.
–Mirá, lo que pudrió todo en este país fue la democracia. De ahí para adelante todo se pudrió… Antes se respetaba al taxista, ahora no se respeta a nadie, la democracia pudrió todo, pero todo, eh, todo.

(Desde este humilde espacio quiero hacerle llegar mi agradecimiento a este trabajador de los autos de alquiler por haberme dado la estocada justa y necesaria para retomar mis escritos en este blog. Cómo podía dejar de contar esto)

viernes, 23 de mayo de 2008

2º período


Pasaron 8 meses y dos días desde la última vez que posteé algo en este blog. Escribí sobre la primavera y, como una maldición, me marchité de ganas de seguir. Y eso que sucedieron cosas para dedicarle unas líneas, pero, bueno, me quedé ahí. No pude.
Supongo que algunas situaciones recuperaré. Aunque no estoy seguro de traerlas a este blog con la misma fidelidad auditiva y visual que en aquel momento.
¿Podré tener la constancia necesaria? ¿Dejaré de preguntarme a cada rato para qué mierda escribo esto? ¿Qué sentido tiene subir 10 líneas a un blog que no lee nadie, que a nadie le interesa? ¿Podré tener tiempo para escribir? ¿Podré escribir algo que valga la pena? ¿Podré encontrarle un sentido a todo esto? ¿A quién le importa lo que a mí me parece importante? ¿A quién lo conmueve –para bien o para mal– una frase escuchada al pasar en el subte mientras hago que leo un libro? ¿Es importante esa frase? ¿Para qué sirve reescribirla acá? ¿Para qué carajo sirve?
Tantas preguntas no dan ganas ni de empezar. Pero acá me ven...

*

Hay pocas que me convencen de este espacio personal propio mío exclusivo subjetivo. El nombre que le puse me gusta: fugaz mirada speed. Ojos veloces que miran para luego describir brevemente lo poco que pudieron ver. Y lo que digo para los ojos vale también para los oídos. Podría haber sido: fugaz escucha speed.

*

¿Se puede contar una ciudad?

viernes, 21 de septiembre de 2007

Primavera negra


I.
Llegó. Y con ella cientos, miles de pibitos y chicas y niñas y abuelas en los semáforos de la ciudad con cientos, miles de flores en busca de oficinistas que corren rumbo al trabajo, y que deberían agasajar a sus compañeritas o a su amante o a su mujer o a su jefa. Paran, compran, se van, sin mirar a quien les vende. Me detengo en uno. Moreno y Paseo Colón, un pibe de 10 años, morocho, cejas pronunciadas, dientes blancos, pobre. Él sabe que este día hay que vender flores para gente que pasa, rauda por su lado, y que no dejan de mirarlo como lo ven siempre: un cabecita que trabaja en la calle. Con la excepción de hoy, que trabaja para que el oficinista vaya con su primavera a cuesta y haga feliz a sus compañeritas o a su amante o a su mujer o a su jefa.

II.
Llego a mi oficina 15 minutos después de la hora indicada. No hay nadie. En cada uno de los escritorios hay una maceta con flores, envuelta en papel de regalo y un moño como corolario primaveral. La mía, por suerte, está casi marchitada. De hoy, no pasa.

III.
(…)
Un matadero en cada semáforo
y vacas flacas esperando luz verde
la calle se abotona hasta el cuello
para acunar mejor el cuchillo...
con la espalda contra la pared es más fácil tirar la piña
los asesinos nunca amagan
no doy un peso por esta calma...no doy un peso
Primavera negra.
Los caballeros de la quema (1991)

domingo, 16 de septiembre de 2007

El loco de mi barrio

No sé su nombre. Me encantaría saberlo. Aunque pensándolo bien, alguna vez se me presentó, al doblar una esquina. “Soy tal, comandante en jefe de los servicios de inteligencia rusa”. Lamento no recordar su nombre. Pero sí recuerdo el de su perra. Gilda. A la madre le encantaba la cantante bailantera y de allí la gracia de esa blanca perrita raza calle que lo sigue a todos lados. Hace poco vi la situación más conmovedora que no veía desde hacía tiempo: la perra en el balcón de la casa llorando desconsolada y con la mirada en busca de la otra esquina de la cuadra donde estaba su progenitor.
El loco de mi barrio siempre está. Es omnipresente, como dios. Cada vez que uno decide salir a la calle no hay modo de no cruzarlo. Es alto, flaco, pecho encorvado, pelo canoso, bigotes. Va y viene, las veredas son su gloria. Conversa con cuanto vecino se le tope en el camino. Y lo he visto, perseguir a alguien para decirle vaya a saber qué cosa.
Vive solo, en una casa que queda justo en una esquina. Una ubicación muy privilegiada por cierto, y tentadora para esas inmobiliarias que no paran de sembrar dúplex, edificios, PH modernos. Miles de veces me imagine la noticia del tipo muerto. Obvio: la mafia de la construcción inmobiliaria. Y me río imaginando un testamento donde el loco le deja todo a su perra. Pero Gilda no duraría demasiado sin él, moriría de tristeza al poco tiempo.
Esa vez que me lo crucé me mostró cómo hace sentar a Gilda ante la orden sit, me confesó que es espía, que las mesas de votación se pueden averiguar en la comisaría, me habló de Malvinas, creo que me dijo que estuvo allí, en medio de la guerra.
Lo cruzo todos los días, pero hace tiempo que no hablo con él. La próxima vez le preguntaré el nombre.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Llanto

Un pibe de 6, 7 años llora desconsolado en la puerta del subte. Pide por su padre. Una mujer se acerca y le pregunta dónde está, si él sabe dónde encontrarlo. “Está en Federico Lacroze”, dice puchereando las palabras. El niño se tranquiliza y, al rato, ya está camino al próximo vagón, con un manojo de estampitas en su mano.
Un hombre dice: “Habría que colgarlos a todos en Plaza de Mayo”. “¿A quiénes?”, pregunta la mujer que ayudó al pequeño. “A los padres, a quién va a ser”. “Lo que habría que tener es un poco más de compasión”, concluye ella.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Vuelo diurno


Llegar en avión a Buenos Aires de día implica perderse ese mar de luces que iluminan el suelo de la noche. Y no puedo dejar de acordarme de un libro no tan conocido de Saint Exupéry, Vuelo nocturno.
Llegar en avión a Buenos Aires de día también supone ver muchas manchitas rectangulares azules en el suelo. Y se ve eso después que el comandante anuncia el descenso, de norte a sur, el norte está estampado de manchitas azules rectangulares. Y eso no es todo: si uno presta atención se encuentra con figuras en el terreno, al mejor estilo de esos mensajes que los extraterrestres dejan en los sembrados yanquis.
Buenos Aires de arriba no duele, pero –a veces– sí.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Mercedes


Recital de Mercedes Sosa en el Gran Rex. Canta un tema de Teresa Parodi, “La canción es urgente”. Al finalizar la canción, una mujer grita: "¡Aguante la memoria!", al mejor estilo de un "viva Pappo".
La voz de América escucha y responde:
–¡Nooo!, yo tengo que leer la letra, sino no puedo. Mi memoria ya no funciona como hace unos años. Antes de los recitales me hago imprimir todas, todas las letras.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Manu


I.
Uno –muchacho de clase media bien, con laburo, estudios universitarios, acceso a Internet (banda ancha, obvio), cable, diarios (de jueves a domingo, y los domingos dos: Clarín y Página/12), unas bibliotecas con centenares de libros, unos estantes con cientos de CDs, algunas visitas al cine y mucho cine en casa– da por sentado cosas. Como que el agua moja, o que el sol calienta, o que el fuego quema, o que Emanuel “Manu” Ginóbili es Emanuel “Manu” Ginóbili, ese tipo absolutamente reconocido por casi cualquier persona del mundo occidental, y mucho más si es argentino.

II.
Hoy me encontré esperando el ascensor en mi lugar de trabajo junto a una chica encargada de la limpieza del edificio. Limpiolux rezaba su uniforme blanco con tiras azules y verdes. Ella tendría unos 30 años, pero aparentaba más. (Los pobres y los que luchan siempre aparentan más). De pronto, en medio de la rutina que implica esperar al ascensor, vemos emerger desde las escaleras de la cochera a un hombre altísimo perseguido por una rubia. Era él. Flaco, enorme, con barba de tres días y de muy buen humor.
–¿Vamos en ascensor? –preguntó.
–No, mejor vayamos en escalera, es en el primero –le respondieron.
Con mi compañera de pasillo entramos al habitáculo. Algo había que decir. No se podía ser indiferente ante ese momento. Entonces, rompí el hielo:
–Casi viajamos en ascensor con Manu.
–¿Con quién?
–Con Manu Ginóbili, el jugador de básquet…
–Ah…
–¿Lo conoces? Era ese tipo alto, ¿lo viste?
–Sí.
–Juega en Estados Unidos –informo y me siento un idiota –. Y tiene mucha guita –sigo informando para sentirme más ridículo.
La mujer me mira. Su rostro morocho demuestra culpa por la falta de complicidad.
–¿Lo conoces? –insisto.
–No –me contesta tímidamente.
–Ah –atino a esbozar mientras me pregunto por qué carajo esa mujer tenía que conocer a Manu Ginóbili.

martes, 14 de agosto de 2007

MP3


Por no sé que conjuro de la vida cotidiana y de las modas y de las transacciones propias de mi clase, me encontré con dos MP3 en mi casa. Y me imagine caminando por Buenos Aires o viajando en el subte con los auriculares puestos. Entonces, sentí miedo de dos cosas: de morir atropellado por el 33 después de no escuchar el grito de un peatón solidario que me avisaba de la posible embestida y de que este blog dejara de existir (no por morir debajo del 33, sino por dejar de escuchar).
Por lo pronto, lo cargué con 5 temas, sólo para probar cómo es.
Veremos qué pasa...

miércoles, 8 de agosto de 2007

Comunidad

Parada del 93. Alem y Corrientes.
–Este, ¿me deja en Independencia?
–Sí –y generoso me explayo en explicaciones: sigue por Alem, después por Paseo Colón hasta Independencia. Va todo por el bajo hasta Parque Lezama.
–Ah, bueno. Gracias.
–De nada.
Al minuto, llega el 93. Subo. “Setenta y cinco”. Y escucho a la señora de recién que detrás mío le consulta al chofer:
–¿Me dejas en Independencia?

*

Algo común. Pagar y que la cajera de turno tome el billete y lo raspe con la uña y lo mire a trasluz, de una lado y del otro, y que –en el mejor de los casos– lo introduzca en la maquinita de rayos ultravioletas.

*
Dogville
La aldea
La comunidad

martes, 7 de agosto de 2007

Niños del subte

Frases más escuchadas en la línea B de subte cuando los pibes ambulantes hablan entre sí: “¿Cuál haces?” / “No, dale, elegí vos” / “¡Hacé aquel!”

sábado, 4 de agosto de 2007

Instantáneas citadinas

i) Sábado, cuatro de la tarde. Un hombre corre por Álvarez Thomas con vestimenta de maratonista, anteojos de sol y un ramo de flores en su mano izquierda. “Una promesa por cumplir”, pienso.
ii) Una mujer dice que esto es peor que la dictadura. Al lado mío viaja alguien que tiene un familiar desaparecido.
iii) Un muchacho –que se dice llamar Familia– canta reggae en el vagón sobre una base musical que sale de un mini-parlante. Un tipo de unos 60 años, trajeado de oficinista, con el Ámbito en la mano, le sigue el ritmo con su pie derecho.
iv) Una nenita entra con su madre al vagón y ve un hueco de asiento donde sentarse. “Ma’, quiero ahí”. “No, ahí no entras”. “Sí, yo cabo”. Risas de la progenitora. “¿De qué te reís, ma’”, pregunta la nena ya sentada. “No se dice cabo”. “Y cómo se dice”.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Perro en acción

Subte, estación Alem, 11 de la mañana, un perro en el vagón. Un policía intenta agarrarlo, pero el pichicho se escabulle por la otra puerta. El policía lo sigue, el perro vuelve a entrar al vagón. Parece una película muda. Los pasajeros sonríen. Alguien grita algo (al cana, obvio). De repente, el perro se detiene en el medio de la formación, como esperándolo al policía. Su cuerpo se menea al ritmo de una cola loca de alegría. Está jugando. El uniformado se acerca, el can se desparrama en el piso, panza arriba en busca de caricias que consigue de inmediato. Suena la bocina anunciando la partida. El perro se levanta de un salto y sale corriendo por el andén. Sabe lo que vendrá: ladrar sin parar a ese subte que se va y a ese otro que viene llegando. Y de nuevo a empezar…

martes, 31 de julio de 2007

¿Eran?

Subte, 10:30 de la mañana, suena un celular con ringtone de los silbidos de Kill Bill.
Atiende un hombre. Su voz retumba entre una masa humana arrumbada, silenciosa…
–¿Hola?
(…)
–Hoooolaaaa, Néstor, cómo estás…
(…)
–Bien, bien, por suerte bien. ¿Y Cristina?
(…)
–Sí, sabía que estaba de viaje. Pero ¿todo bien, no?
(…)
–Y sí, va a arrasar, qué duda cabe.
(…)
–Decime, qué necesitabas.
(…)
–Qué talle eras vos.
(…)
–Sí, tengo y muchos. Te los llevo a Balcarce, ¿te parece?
(…)
–(risas) Bueno, dale, te los llevo a tu casa (nuevas risas).
(…)
–Otro para usted, compañero.

viernes, 27 de julio de 2007

Militares


Colectivo 33, de La Boca al centro. Un nene de 8 años viaja junto a su madre en los asientos traseros.
–Ma’, ¿qué es eso?
–El edificio Libertador, ahí trabajan los militares…
–Ah, yo quiero ser militar.
–¿Estás seguro?
–Sí, sí… Quiero manejar esos tanques y vestirme como esos hombres.
–Ajá.
Esos hombres están rastrillando el césped con ese uniforme verde oliva dignos de una guerra en la selva (¿tucumana? / ¿vietnamita?).
–Y a ese ¿qué le pasó?
–¿A cuál?
–A ese que tiene un agujero en la panza. ¿Fue una bomba?
–Mmm… no sé.

jueves, 26 de julio de 2007

Corazones

“Escuchar es lo más peligroso –es saber, es estar enterado y estar al tanto. Los oídos carecen de párpados que puedan cerrarse instintivamente a lo pronunciado, no pueden guardarse de lo que se presiente que va a escucharse, siempre es demasiado tarde. Ahora ya sabemos, y puede que eso manche nuestros corazones tan blancos, o quizá son pálidos y temerosos, o acobardados.”
Javier Marías, Corazón tan blanco (1992)

lunes, 23 de julio de 2007

Pares




Gran Malvina y Soledad

La del rodete y la del pelo suelto

El de la mano y el del siglo

El de la moto y el de Bolivia

Las manos del General

viernes, 20 de julio de 2007

Citas a ciega

I.
Charla telefónica. Dónde vivís, qué haces, qué te gusta hacer el fin de semana, a qué te dedicas, ¿te gusta el cine?, qué película, qué gusto elegís cuando vas a tomar un helado, todas esas preguntas que funcionan como excusas para acechar sobre lo que realmente importa al varón de la conversación: si la mina del otro lado del tubo está buena o no.
Entonces…
–¿Te puedo hacer una pregunta?
–Sí, claro…
–Pero, ¿no te vas a enojar?
–No, dale… qué
–¿Sos gorda?
(…)
–Viste, te enojaste.
–No, no me enoje…
–Entonces, ¿sos o no sos?
–Sí, soy gorda y me encanta ir arriba.

II.
Chat en el MSN. El enter dispara mensajes y emoticones vertiginosamente, como balas de salva que van y vienen. De repente, la ansiedad varonil se hace presente desde el tópico más inesperado:
–¿Te molestan las cicatrices?
–No… Además, no creo que alguien tenga más cicatrices que yo.
–Ah… pero, ¿sos impresionable?
–No, ¿por?
(Envía una foto)
(Acepta, se descarga, la mira: la hendidura quirúrgica surca la piel encima de un esternón).
–¿Qué es eso?
–La cicatriz de una operación al corazón.
–¿Tuya?
–Sí, mía.

miércoles, 11 de julio de 2007

Nieve




"Aquel silencio total que de pronto había acallado todo rumor era anonadante; los mil y un ruidos que siempre se oyen en una ciudad, aún en plena noche, habían cesado por completo. La radio estaba muda.
-Pero... no es posible...
-Y sin embargo, lo es... ¡Miren allí!
-¡No! ¡No abras, Lucas!
-¡Hay algo en el aire! ¿No ven que parece que está nevando?
-Tienes razón, Lucas parece una nevada fosforescente...
Acunándose en el aire quieto, de lo alto caían tenuísimos copos; casi transparentes, emanaban una débil luz de trasmundo.
Todo hasta donde se podía ver, se cubría ya de aquella nevada, nevada irreal, nevada de dibujos animados. Y mortal, terriblemente mortal..."

El eternauta de Héctor G. Oesterheld y Solano López

martes, 10 de julio de 2007

Hermanos

Un chico que reparte stickers del hombre araña charla con una mujer de la lotería solidaria. Ella pregunta:
–¿Cuántos hermanos son?
–Somos tres, pero éramos cinco. Ya murieron dos. Una hermanita que murió de bebé y el Beto, que lo mataron hace dos meses.
–(…)
­–Un tiro en la cabeza y otro, acá, en la panza. Igual, mi otro hermano ya sabe quienes fueron y siempre dice que los va a ir a buscar.
–Y vos qué pensas.
–Yo le digo que no, que no vaya… que no quiero perder a otro hermano.
Suena la bocina que anuncia la salida de la formación.
–¿Cuál querés? –pregunta el pibe.
–Me quedo acá, andá a aquel que hay más gente.

lunes, 9 de julio de 2007

Modales medios

I.
En la línea B de subte sólo uno de cada ocho pasajeros les da la mano y un beso a los niños que reparten estampitas y señaladores con motivos amorosos.

II.
En cualquier mega local de Garbarino diez de cada diez consumidores que viajan en la línea B le devuelven la sonrisa al amable vendedor que les toca en suerte.

sábado, 7 de julio de 2007

Estampitas


Subte. Un pibe entra a un vagón semi-vacío. Reparte estampitas. A mí me toca la virgen desatanudos. Se acerca a una mujer embarazada y, en vez de darle el primero que seguía del toquito, comienza una ardua búsqueda –la misma que cuando le mostrábamos a nuestros compañeros las figuritas en los recreos. La encuentra, se la da, la mujer la toma, la mira y la deja apoyada en su rodilla. El pibe sigue su recorrido. Cuando vuelve, la mujer ya no está. La estampita quedó en el largo asiento rojo. Era San Ramón Nonato.

lunes, 2 de julio de 2007

Las libretas de José

José era un viejito que, en los ’70, recorría los bares de Buenos Aires pidiéndole a la gente que les escriba en una libreta una frase, un pensamiento, una consigna, algo, lo que se les ocurriera, lo que tuvieran ganas en ese momento. Esas libretas se hicieron libro. Hace un par de años lo encontré en una mesa de saldos de la calle Corrientes, la misma calle por donde José caminaba día y noche en busca de parroquianos amables que quisieran escribirle en sus libretas. A continuación, transcribo algunas que me resultaron interesantes, graciosas, simpáticas.

Las ideas no se matan. Se copian.
Ricardo

Crear es dar muerte a la muerte.
José

Cuánto amor se necesita para odiar tanto.
En el Bar Agua Sucia

Los valientes, en realidad, tienen miedo de ser cobardes.
O.U.

La única verdad es la ficción.
F.M.P.R. y S.L.B.

Edipo, volvé, te perdonamos todo.
Mamá

Antes tendrán que pasar sobre mi cadáver.
Papá

Tengo mucho miedo.
Graciela

***

Las libretas de José: ¿el protoblog?
¿Qué hubieras escrito en las libretas de José?

sábado, 30 de junio de 2007

Historias

-Además, ya te he dicho que en algún momento quise contar esa historia.
-¿Por qué?
-Por lo que se cuentan todas las historias. Porque me obsesionaba. Porque no la entendía. Porque me sentía responsable de ella.
-¿Responsable?
-Sí -dije, y casi sin darme cuenta añadí-: A lo mejor uno no es sólo responsable de lo que hace, sino también de lo que ve o lee o escucha.

Javier Cercas, La velocidad de la luz

martes, 26 de junio de 2007

Darío y Maxi


“El 26 de junio de este año, en el corte del puente Pueyrredón, la policía bonaerense asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. A partir de ese día, nada fue igual. Ni para nosotros –un par de futuros egresados en Ciencias de la Comunicación– ni para ellos –un grupo de personas que se organizan para recuperar la dignidad que le arrebataron– la vida cotidiana siguió igual.
Desde entonces, el dolor y la bronca no dieron tregua. Pero eso no inmovilizó. Fue en ese triste contexto donde el MTD nos regaló una enseñanza que no vamos a olvidar jamás: después del luto por el compañero asesinado sigue la lucha. En eso estamos, luchando.
Nada más sobre esto. Es inútil seguir escribiendo. Las palabras mentirían.”
(Texto escrito en un trabajo práctico para la facultad. En él se relata nuestra experiencia comunitaria durante el año 2002 en el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Almirante Brown).

Año 2002. Anecdotario con los pibes de la copa de leche del MTD:
– Sonia estaba jugando a hacerle cosquillas a las chicas. Todas la rodeaban, mientras ella les decía: “Me dijeron que vos tenés cosquillas por acá ¿Puede ser?”. Cuando le tocó el turno de las cosquillas en el cuello a Mercedes se vivió una situación tensa: “No, ahí no me hagas porque tengo garrapatas”. “¿Garrapatas? ¿No serán piojos?”, preguntó incrédulo Nahuel. “No, garrapatas. Garrapatas como tienen los perros”.
– Ricardo y Esteban se acercaron a Nahuel para que los ayude con las fracciones. Nahuel tomó la carpeta y empezó a revisarla. En una carátula encontró un dibujo extraño realizado por uno de ellos. Era un ángel que estaba fumando al lado de 5 puntos (símbolo que significa muerte a la policía). “¿Qué significa esto?” preguntó Nahuel conociendo la respuesta. “Es muerte a la policía”, contestaron. “Y ¿de dónde lo sacaron?”. “De las paredes del barrio. Está por todas partes”.
– “Los del barrio Don Orione tienen más plata que los de acá (barrio Cerrito)”, dijo David. “¿Por qué?”. “Porque las canchitas tienen arcos de hierro y acá son de tronco de árboles”.
– Darío tiene 4 años, tiene ojos muy grandes y unos cachetes que tientan a agarrárselos. No habla mucho pero, un día, Sonia se sentó a hablar a solas con él. “Mi hermanito hizo caca en una olla”. “¿Cómo en una olla?”. “Sí, porque se rompió la pelela”.
– Camila tiene 5 años y es hija de Silvina, una de las dueñas de la casa donde funciona la copa de leche. Un día llegamos temprano y estuvimos haciendo tiempo charlando con ella. “Ayer fui a la asamblea con mi papá”, nos dijo. “¿Sí? ¿Y qué decían?”. “No sé, hablaron todo el tiempo de la policía”.

lunes, 25 de junio de 2007

61 / 39

Un hombre infectado con HIV pide en el vagón de subte. Dice que no necesita para medicamentos porque el hospital Muñiz se los suministra gratuitamente. Pero que sí necesita dinero para saciar sus necesidades básicas, para “darle una mamadera con leche a mi hija recién nacida”.
–Mamadera con leche, sí, capaz que sí –dice un joven sentado al lado mío.
–Siempre la misma historia con esta gente. No saben que inventar para no trabajar –completa otro, compañero de andanzas del primero.
Punto seguido. La conversación continúa así:
–Santi, me bajo en la próxima. Acordarte de mandarme por mail las propuestas de Macri así las reenvío. Igual, ya está todo medio cocinado, ¿no?

domingo, 24 de junio de 2007

Operativo policial

Antes de doblar la esquina, veo el reflejo de las luces azules que giran. Llego del trabajo. En la calle de casa hay dos patrulleros con la foto de López pegada en la luneta, una decena de policías y dos pibes –menores de edad, ellos– tirados en el piso, boca abajo.
Los vecinos se preguntan qué pasó. “No sé, recién llego”, dicen a coro. Llega la madre y las hermanas de uno de los pibes. “Soy la madre de Salazar”, dice. Alguien les explica qué tienen que hacer. La madre agradece. Un tipo pasa paseando su caniche toy. Dice: “Tenían que ser los de la villa”. Los vecinos rodean la “escena del crimen” y se despachan a piacere con frases por el estilo: “Con estos pibes ya no se puede hacer nada” / “Son incorregibles”. “Pero, qué pasó”. “No sé, no sé, pero esto ya no da para más”. Los pibes siguen en el suelo, los policías revisan sus mochilas, la hermana de uno pide que no los maltraten. La gente continúa con su común decir. Los pibes escuchan, la familia de uno de los pibes escucha, los policías escuchan. Son las 8 y 30 de la noche. Los patrulleros salen con los pibes adentro, la madre y hermanas de Salazar vuelven a la calle Donado, los vecinos vuelven a su hogar dulce hogar a preparar la cena y mirar a Tinelli.

miércoles, 20 de junio de 2007

Postales subterráneas


Un turista europeo le saca una foto a un pibe que está durmiendo debajo de unos cartones. Un chico y una chica del colegio de Callao y Corrientes lo putean al pasar. Y le dicen: “Andá a sacarle fotos a tus pobres”.
Una nenita de 2 años se despide de las estaciones que van pasando. “Chauuu, estación”. La madre se incomoda ante la insistencia de la niña. Y le dice: “Bueno, ya está”.
Un par de pibes de un centro de rehabilitación le dan una bandeja de alfajores de maicena a un tipo que toca con su guitarra una canción de Piazzolla y a un chico que hace malabares.
Muchos leen La Razón; uno lee Fenomenología del espíritu de Hegel.

sábado, 16 de junio de 2007

El doctor y el conductor

Canal 26. Domingo a la noche.
Mariano Grondona presagia los próximos años en la vida del presidente del centro de estudiantes del colegio Pellegrini:
–Yo te anuncio como va a ser tu vida de acá en más. Vas a terminar el secundario, vas a ser presidente de la FUBA, no vas a dejar entrar al rector al rectorado de la UBA y, a los 35 años, te vas a dar cuenta de todo.

*

Tinelli con Menem. Previa de las presidenciales del ’95.
Tinelli con Macri. Previa de las elecciones a jefe de gobierno del 2007.

*

¿Más claro? Agua, agua, mucha agua.

lunes, 11 de junio de 2007

Sobre Barcelona y López


El viernes, después del partido de todas las semanas con mis amigos y en medio de una ronda de cervezas, me preguntaron sobre la tapa de la revista Barcelona de la última semana en la que se hace mención a Filmus y, por enésima vez, a Julio López. Di mi parecer: “No me gusta cuando hacen humor con López”. Risas, un “pero, bueno…”, “vos también…”. “Eso lo hacen para que gente como vos se enoje”. “No se puede hacer humor con cualquier cosa”, digo. “Sí, se puede”. “No”. “Con Cromagnon hicieron lo mismo”. “También me parece mal”. “Pero si esos eran unos negros cabezas”. “Entonces, mandalos a la cámara de gas y, de paso, votá a Macri”. “Yo odio a Macri”. No alcanza con odiar a Macri.
La revista Barcelona me enerva, me saca de las casillas, es una de las pocas cosas que me ponen en estado de furia. Y paso a explicar por qué.
Los editores de la publicación acuden el cinismo para hacer su humor. El cinismo es esa manera de decirle a los otros que está más allá de todo, que nada lo involucra ni lo interpela, que todo le chupa un huevo. Muchas veces, funciona como un modo de protección ante la maldad del mundo. Otras, sirve para facturar (pienso –sin detenerme en las diferencias– en Petinatto, Rial, Pergolini y Tinelli). El cinismo que propone Barcelona no acusa un detalle: el tema sobre el que se puede hacer humor. Está claro que para los editores no hay represión al respecto. Todo vale, y en eso montan su provocación (¿su falsa rebeldía de cuarentones decepcionados ante el fracaso de la democracia? ¿su modo fácil de rendirse ante las cómodas cuotas del menemismo? ¿su encaje perfecto en la imposible posmodernidad post-20 de diciembre?). Pero lo que sucedió con López ¿es motivo de risa? Que sea el personaje central de las últimas tapas ¿es motivo de risa? El cinismo de Barcelona trivializa, banaliza, iguala todos los temas. No hay límite ni diferencia. Da lo mismo reírse de un tipo que estuvo (durante la última dictadura militar) y está desaparecido que de los niveles de fascismo de la clase media argentina. Y no puede dar lo mismo. Porque López es una víctima del terrorismo de Estado, porque reírse de eso es reírse de los centros clandestinos de detención, de la tortura, del robo de bebés, de los vuelos de la muerte; de los 9.000, 15.000, 30.000 desaparecidos. Reírse de él (o de lo que sucede alrededor de él) es no diferenciar que lo que sucedió entre 1976 y 1983 en nuestro país no es lo mismo que sucede hoy. Y no lo es porque esos años marcaron a fuego lo que sucedió y sucede en el país desde entonces. Y el problema con esas referencias constante de Barcelona hacia la figura de López es que no considera las diferencias, los gruesos matices que piden a gritos detenerse ante el dolor ajeno que debería sentirse como propio.
Y no exijo reconocer esa distinción desde mi obsesión o interés personal. Porque la desaparición de López no es algo personal, propio, intimo. Es algo que nos implica a todos, aunque no queramos, aunque algunas doñas Rosas digan con aires conspirativos que López aparecerá los días previos a las elecciones presidenciales de octubre (¡ojalá!). Las desapariciones políticas en nuestro país son los muñones de nuestra historia, que –como las extremidades apuntadas de un cuerpo– siguen estando, se siguen sintiendo, como fantasmas.
Para Barcelona el cinismo es un modo de desconocer al otro, de no reconocer comunidad posible, es la manera de decir que ya todo da igual, que la desaparición del principal testigo en la causa Etchecolazt no tiene mayor importancia que joder a Sabato, Nora Dalmasso, Bush, Kirchner, Bin Laden, Cristina y la mar en coche. Todo es lo mismo. ¿Todo es lo mismo? Que quede claro: no es lo mismo ser editor de una revista que ser el hijo o la esposa de un desaparecido o de una víctima de Cromagnon.
“Y de Norita, qué me cuentan. Se la curtía el hijo, noma’”. “Vos no te rías, eh”. “Sí, de eso me río –digo–, porque morir en un barrio privado de Río Cuarto no es lo mismo que ser víctima del terrorismo de Estado”. Estar desaparecido no es lo mismo que estar muerto. La ESMA no es lo mismo que un country. Julio López no es lo mismo que Nora Dalmasso. Militar por los derechos humanos no es lo mismo que ser una empresaria exitosa que se dedicaba a arreglar las flores de su jardín.
Desconocer esa diferencia es caer en el peligroso camino que nos llevará a repetir los males del pasado.

sábado, 9 de junio de 2007

Conversaciones comunes escuchadas mientras (hacía que) leía

I. Madre (recién pisados los 40) e hija (16 o 17). Subte, línea B, 19:30 aproximadamente.
–Estaría bueno ir al Pellegrini. No sólo por el nivel o por lo que te hacen estudiar. Está bueno porque te enseñan otras cosas.
–¿Qué otras cosas?– pregunta la madre.
–Claro, enseñanzas de vida, de cómo desenvolverte mejor cuando seamos más grande.
–No entiendo.
–Ay, mamá… el centro de estudiantes, por ejemplo. Eso está buenísimo.
–Pero eso qué tiene que ver con la educación. Eso es política.

II. Dos mujeres (de casi 30). Subte, línea B, 19:30 aproximadamente. Al día siguiente.
–Y bueno, es joven…
–Sí, ya se, pero está empecinada con ir a vender esas artesanías que hace a la puerta de la facultad.
–Ya se va a dar cuenta. Es un bebé, todavía. Dejala que vaya y vas a ver cómo viene de nuevo al pie. Que pruebe y que se de cuenta cómo es la cosa.
–¿Vos decís?
–Sí, ya vas a ver… Cuando tenga el primer hijo, se le van ir esos aires de hippie.
(risas)

viernes, 8 de junio de 2007

Pampa y Miller


La rutina tiene trayectos. Y la mía, cuando salgo cada mañana de mi casa a la boca del subte, tiene el suyo. Echeverría, Lugones, Sucre, Miller, La Pampa, cruzo Alvarez Thomas, retomo por la diagonal Urdininea, Triunvirato, cruzo Los Incas y me sumerjo en la boca del subte. El mismo camino de todos los días. Pero ese recorrido tiene un detalle, una cábala: mirar a dos gatos que viven en la esquina de Pampa y Miller. La obligación es mirarlos, buscarlos con los ojos, aunque sea al pasar, sin detenerme a contemplarlos demasiado, sólo ver que están ahí. Y hubo veces que pase de largo con la mirada esquiva y, al darme cuenta que semejante fallido me sepultaría en una maldición, retrocedía mis pasos para buscarlos.
Ayer, por la noche, me encontré con el vecino, dueño de la casa donde viven los gatos. Sin vergüenza, le conté la importancia cabalística que tienen esos felinos para mí. El tipo se rió, obviamente. Hacia el final de la conversación le realizo la pregunta del millón: “Cómo se llaman”. “Nacha y Nuchi”, me contesta. “Ah –le digo–, yo les había puesto Pampa y Miller”.

martes, 5 de junio de 2007

Lugares históricos


Desde el escritorio de la oficina donde trabajo puedo observar los últimos pisos del edificio de la CGT. En la cúspide pueden leerse las siglas y unas franjas que –a modo de bandera nacional– recorren el perímetro de ese último piso. Hoy leía en el libro El presidente que no fue de Miguel Bonasso que en el segundo piso de ese edificio funcionó, en un primer momento, el laboratorio donde el doctor Pedro Ara tuvo a cargo la ardua tarea de embalsamar el cuerpo de Eva Duarte. Luego, allí, también funcionó la capilla ardiente donde descansaron los restos de “la Señora” hasta la llegada de la Libertadora.
Me paro del escritorio, voy hacia la ventana, contemplo el edificio. Me impacta mirar lugares donde sucedieron hechos trascendentes de nuestra historia reciente. Algo de eso me atrapa, me conmueve, es mi pobre manera de sentirme parte de la historia.
–Habría que ponerle una bomba– me dice alguien al pasar pero se queda.
–¿A cuál de los dos: al de la CGT o al de Telefónica?
–Cómo a cuál de los dos. A la CGT, obvio.
–Ah… yo pensé que al de Telefónica.
–¿Qué tiene que ver Telefónica?
(–Ah, no tiene nada que ver. Mira vos– pienso)
–Pero el otro es un edificio histórico.
–¿Histórico? ¿Por qué histórico?
–Ahí estuvo “La Señora”.
–¿Qué señora?

domingo, 3 de junio de 2007

Las ciudades invisibles


"En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira tal como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas."


"En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen."


"Por eso los habitantes creen vivir siempre en la Aglaura que crece sólo con el nombre de Aglaura y no ven la Aglaura que crece en tierra. Y yo mismo, que quisiera tener separadas en la memoria las dos ciudades, no puedo sino hablarte de una, porque el recuerdo de la otra, por falta de palabras para fijarlo, se ha perdido."


Italino Calvino (1923-1985)

jueves, 15 de marzo de 2007

Globalización

Dice el Che: "Sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo"

Alguien me sugiere que ingrese a la página Ubbi fotologs. Lo hago. Luego sigo los pasos.
1º. Elijo continente: Asia. (Sitio al que quizás nunca toque ni con un palo. Como todo buen occidental me atrae lo exótico: ¿qué foto colgarán en la web?)
2º. Selecciono país: Irán. (En boca de todos, últimamente. Próximo país que invadirá EE.UU. Películas lentas, dicen)
3º Elijo estado: Kordestan.
4º Busco la ciudad con menos integrantes: Sanandaj.
5º Llego a una foto, la miro, la guardo en mi computadora, me sorprende, ahí, austera, contundente, demoledora. Como las bombas que esos niños no quieren escuchar.
6º Pienso en la frase del Che.

viernes, 2 de marzo de 2007

Doblaje


Humberto Velez, ex-dobladista al castellano de la inconfundible voz de Homero Simpson, cuenta su situación salarial en ese momento:

“Nosotros hacíamos la voz de la serie más vista de la televisión y sólo ganábamos 60 dólares el capítulo y se hacían aproximadamente 20 por temporada. Con esa plata no podés vivir. Además, es Estados Unidos ¿sabes cuánto ganan los actores de doblajes de Los Simpsons?: 350 mil dólares por cada capítulo grabado. Era y es una injusticia. Por eso digo que esa serie me ha dado todo menos dinero”.

lunes, 26 de febrero de 2007

El custodio

Los sigo de atrás. Un policía y un hombre de baja estatura, andar cansino, pelo negro, bien negro. Mi paso apurado los pasa. Bajo las escaleras y me siento en el asiento de siempre. Ellos bajan y entran a mi vagón.
El agente es el oficial E.A. Sosa, es corpulento, morocho, cara recia, tez un poco menos oscura que la de su acompañante. El acompañante va de civil: pantalón de vestir, zapatillas deportivas, camisa blanca con líneas verticales rojas, verdes y azules, un bolsillo lleno de papeles y documentos. Es boliviano y dice:
- Ayer también hubo un baile en ese lugar. Siempre pasa lo mismo, la bebida los pone violentos y siempre terminan a las trompadas. La vez pasada se les fue la mano, sacaron cuchillos, botellas rotas, se tiraron con sillas. No estoy seguro, pero también tienen armas de fuego.
El oficial no lo mira, le es absolutamente indiferente. Pero él sigue:
- Es una lástima porque divertirse está bien pero, a veces, se les va la mano. Lo que pasó con ese cristiano no está bien. Lo patearon hasta que lo mataron. Yo les gritaba que paren, que no sigan, que lo iban a matar. Pero no había caso, estaban enceguecidos, eran como animales. Pobre muchacho.
Termina de decir y, en el tono, busca complicidad con el agente.
- Usted tiene que decir lo que vio. Nada más- concluye, lacónico, el oficial.
Y el testigo calla. Calla para luego hablar frente al juez.

martes, 20 de febrero de 2007

Mañana en el Abasto

Mañana de sol, bajo por el ascensor,
calle con árboles, chica pasa con temor.
No tengas miedo, no, me pelé por mi trabajo,
las lentes son para el sol y para la gente que me da asco.

No vayas a la escuela por que San Martín te espera,
estás todo el día sola y mirás mi campera.
Tomates podridos por las calles del Abasto,
podridos por el sol que quiebra las calles del Abasto.

Hombre sentado ahí, con su botella de Resero,
los bares tristes y vacíos ya, por la clausura del Abasto.
José Luis y su novia se besan por ahí en el Abasto,
yo paso y me saludan bajo la sombra del Abasto.

Parada Carlos Gardel, es la estación del Abasto,
Sergio trabaja en el bar en la estación del Abasto,
piensa siempre más y más, será por el aburrimiento.
Subte Línea B y yo me alejo más del cielo,
ahí escucho el tren, ahí escucho el tren,
estoy en el subsuelo, estoy en el subsuelo.

Sumo

jueves, 15 de febrero de 2007

Hallazgo arqueológico

“El dato llegó a través de un informante anónimo. Decía que en Chapalcó, una pequeña localidad a 70 kilómetros al sudoeste de Santa Rosa, La Pampa, los represores de la última dictadura habían enterrado los restos de sus víctimas. En 2005 hallaron los huesos y empezaron las pericias. Dos años después, los peritos dictaminaron que el hombre le había errado, y por mucho. Los esqueletos tenían 3 mil años de antigüedad y según señaló un comisario e historiador de la zona: “Pertenecen al período Holoceno tardío”.

Fuente: Página/12 del 9 de febrero de 2007.

martes, 13 de febrero de 2007

Ya nadie va a escuchar tu remera




Ascensor en edificio de oficina. Planta baja. Un pibe de unos 25 años y un señor de unos 50 comparten el habitáculo de traslado vertical. Los dos van al quinto.
- ¿Quién es ese?
- ¿Quién?
- El de la remera.
- Ah...Lenin.
- Y dónde la conseguiste.
- Me la trajo mi novia de un encuentro zapatista que se hizo en Belén, en Brasil.
(...) segundo piso
(...) tercer piso
- Lenin los hubiera fusilado a todos.
- ¿A quién?
- A los zapatistas.
- Ah...sí (carcajada tímida)
- Yo pertenecía a las Juventudes Guevaristas del ERP.
(...)
- El día del copamiento a Monte Chingolo estábamos en una casa operativa para que en caso de que sea necesario hagamos algún tipo de logística...
(...) quinto piso
- Otro día te cuento mejor, sino pasate por mi oficina y charlamos un rato.
- Bueno, dale...

sábado, 10 de febrero de 2007

Filosofía citadina



"Hoy sabemos que para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe y que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana en una gran ciudad. Pues la jornada del hombre contemporáneo ya casi no contiene nada que todavía pueda traducirse en experiencia: ni la lectura del diario, tan rica en noticias que lo contemplan desde una insalvable lejanía, ni los minutos pasados al volante de un auto en un embotellamiento; tampoco el viaje a los infiernos en los trenes del subterráneo, ni la manifestación que de improviso bloquea la calle, ni la niebla de los gases lacrimógenos que se disipa lentamente entre los edificios del centro, ni siquiera los breves disparos de un revólver retumbando en alguna parte; tampoco la cola frente a las ventanillas de una oficina o la visita al país de Jauja del supermercado, ni los momentos eternos de muda promiscuidad con desconocidos en el ascensor o en el ómnibus. El hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de acontecimientos -divertidos o tediosos, insólitos o comunes, atroces o placenteros- sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia".

Giogio Agamben en Infancia e historia. Ensayo sobre la destrucción de la experiencia.

La foto pertenece a Spencer Platt y fue la imagen ganadora del "World Press Photo 2006" en la categoría de "Foto del Año" por una instantánea sobre los destrozos que la guerra del Líbano dejó en la ciudad de Beirut.


miércoles, 7 de febrero de 2007

Más vale prevenir que reprimir

Suena a slogan progresistas ¿no? Bueno, el gobierno porteño se muestra muy muy muy progresista. Al punto que, en un recital de Liliana Herrero, los habituales patovicas con pecheras que dicen SEGURIDAD fueron reemplazados por otros patovicas con pecheras que rezan PREVENCIÓN.
Pero el gurka preventivo no puede evitar decir:
- Por favor gente, circulen, el recital ya terminó.

martes, 6 de febrero de 2007

Patria(s)


“Donde hay un trabajador está la patria”, dijo Eva alguna vez hace tiempo.

El diario dijo alguna vez hace poco que dos pibes de 14 años murieron aplastados por el techo de una fábrica abandonada que se desmoronó debido a un fuerte temporal. Los pibes se habían guarecido allí para protegerse de la lluvia y salvar del agua los papeles y cartones recolectados durante esa noche.

¿Dónde está la patria hoy?
¿Debajo de esos escombros?

lunes, 5 de febrero de 2007

Memorias subterráneas


La formación se detiene en una estación que no recuerdo. El vagón está ni muy muy, ni tan tan. Sube un trovador subterráneo con guitarra, pie de micrófono y amplificadores. Se ubica en el medio del coche. Rasga las cuerdas, afina, ajusta el volumen. Y empieza con “La flaca”, tema de un grupo español llamado Jarabe de palo. Lo canta lindo. Termina y lo aplauden con ganas. El cantor ríe. Y sigue con:

Sentados en corros merendábamos besos y porros
y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa,
te morías por volver, con la frente marchita cantaba Gardel y,
entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud.

Sabina, “Con la frente marchita”, la canta mejor que a la anterior. Un policía, el cabo Altamirano para más precisión, sigue el ritmo con su dedo índice. Algunos tararean, otros dejamos de leer definitivamente y una mujer –50 largos– comienza a flaquear su rostro.

Duró la tormenta hasta entrados los años 80,
luego, el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
“Mándame una postal de San Telmo, adiós, cuídate”.
Y sonó entre tu y yo el silbato del tren.

Llora. Llora e imagino: tiene 20 y pocos el 24 de marzo, milita en una organización peronista de izquierda, la cosa no da para más, todo está desmembrado, las citas envenenadísimas, los compañeros no aparecen o son asesinados en “enfrentamientos”, no queda otra que rajar a España o a México o a Suecia, hay que irse y se va. Exilio. Seis, siete, diez años fuera del país, lejos de los suyos. Y de los muertos.

Aquellas banderas de la patria de la primavera,
a decirme que existe el olvido esta noche han venido.
Te sentaba tan bien esa boina calada al estilo del Che
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear y
al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar y
me puse a gritar dónde estás.

(Ese “¿dónde estás?, me suena a “¿adónde están?”)

La mujer seca sus lágrimas delicadamente con sus dedos. Está aturdida, los recuerdos la avasallaron inesperadamente. Busca monedas en su cartera. El cantante pasa, la mujer deposita las monedas en el morral. En quiénes habrá pensado, en qué momentos, en qué lugares, en qué olores, en qué sensaciones...

viernes, 2 de febrero de 2007

Negreros high society


...o los garcas de siempre que piden mano dura, matar a todos los villeros, paraguayos, bolivianos, piqueteros, cabecitas negras, aluvión zoológico, toda esa lacra de la sociedad que ensucian las calles, que dan una mala imagen para el país, que son sucios, vagos y unos negros de mierda que no quieren trabajar...


“12 argentinos y 10 paraguayos fueron hallados prestando servicio sin haber sido declarados por sus empleadores, sin condiciones de seguridad e higiene mínimas y durmiendo en el propio lugar de trabajo en forma hacinada. El proyecto de la construcción es de gran envergadura. Contempla un edificio de 17 pisos, con cocheras y pileta de natación, a un valor de venta de 3.000 dólares por metro cuadrado”.


Fuente: Clarín Digital del 2 de febrero de 2007

miércoles, 31 de enero de 2007

Libertad de mercado

Dice el joven y exitoso empresario Gonzalo Berra (37 años) a la revista Viva:
“Nosotros somos los hijos de los ’70. Crecimos en un tiroteo con el que no teníamos nada que ver. Esa era una generación egoísta que quiso explicarle a sus padres a los gritos cómo era el mundo. Nuestra generación no tiene grandes líderes, pero tampoco grita. Ejercitamos la tolerancia y el respeto a lo distinto. Y eso lo ves en los negocios”.

Alguna vez la organización armada uruguaya Tupamaros secuestro a un empresario. Lo recluyó en una barriada pobre de Montevideo y, lejos de mantenerlo en cautiverio en un cuarto oscuro y humedo, lo hizo vivir durante un tiempo con el sueldo que, en ese entonces, ganaba un obrero.

martes, 30 de enero de 2007

Postales policíacas de una ciudad patagónica

I.
Mucho policía en la calle. Parapetados en alguna dependencia oficial, algún negocio, el banco o el casino. O caminando de acá para allá por veredas que no tienen nada para decir. La fantasía de muchos será una toma de rehenes en “La anónima”. Como pasa en Buenos Aires. Pero no, nada de eso sucede. La gorra policial bien ajustada al cráneo para evitar un inesperado ventarrón. El revólver legal encastrado en el estuche, sin demasiado motivo para salir de allí en los próximos años, salvo que el oficial decida suicidarse, matar a su esposa o que su hijo lo use para amasijar compañeritos en la escuela. Diez cuadras para allá, diez cuadras para acá. De a dos, una mujer y un varón, contándose su vida.

II.
Pertenecer a las fuerzas de seguridad no es una cuestión de vocación de servicio. Es, ni más ni menos, la posibilidad de tener trabajo, la única salida laboral, la seguridad de pertenecer a algún lugar, la obra social, los beneficios, el sueldo mensual. El prestigio es la seguridad. Jóvenes caminan por las veredas luciendo distintos uniformes en sus distintos colores. Cada color es una fuerza: policía federal y provincial, gendarmería, servicio penitenciario.

III.
Noche en la ciudad, una mujer policía camina sola por la plaza del centro. Paso aburrido, manos atrás, cabeza gacha. La sigue un perro. El azul oscuro de su uniforme se pierde entre las sombras de los árboles. El chico que me gusta me espera en aquel banco, me llama, me invita a sentarme, la plaza está vacía para nosotros dos, me toma la cara con sus dos manos, me besa, me estremezco, nos desnudamos y hacemos el amor al lado del cartel prohibido pisar el césped.
Un auto pasa, el perro ladra, la policía lo sigue con la mirada.

viernes, 5 de enero de 2007

Postales de una ciudad patagónica

I.
Puente nuevo inaugurado por el señor presidente de la nación. Rutas de autopista. “Parece la entrada de una ciudad del norte”, pienso. Da la sensación de ciudad bien, de progreso recién llegado. A las veras del puente: el río marrón, el desierto, la vegetación achaparrada revoleada por el viento; más allá, el viejo puente de hierro; más acá, un barrio pobre, casas sin revoques, chicos jugando en las calles de ripio, perros.

II.
Edificios nuevos, exuberantes, iluminados, oficiales. En muchas esquinas y baldíos, obras en construcción, albañiles por de más. Pregunto de dónde tantas obras. “Futuras oficinas públicas”, me dicen. “¿Todas?”. “Sí, todas”. “Muchas plata tienen, entonces”. “El petróleo”, me confirman.

III.
Al cartel del cine teatro le falta el ON, las últimas dos letras del nombre de la ciudad. Y así muchas cosas a medio a hacer. O el típico: “faltan 5 para el peso”. La ciudad no le da demasiada importancia al detalle, a la pincelada final. “Para qué, si el viento te arruina todo a los dos días que lo terminaste de hacer”, diría alguien. Y un poco de razón tiene. Los carteles están oxidados, descascarados, emblanquecidos por el imbatible polvo. Los colores parecen no lucir, parecen no tener sentido.

IV.
Muchos cybers y negocios que venden accesorios informáticos. Pero hoy el pibe que atendía uno de esos cybers no sabía grabarme una foto a un CD. Lo terminé haciendo yo.

V.
Del casino entra y sale gente todo el tiempo, a cualquier hora del día.

jueves, 4 de enero de 2007

Remisero

Viaje en remís, un R-18, FM folclórica 98 punto no sé cuanto, se escucha a “Los chalchaleros”. De Villa Urquiza a Retiro.

Primera escena.
El coche se detiene en un semáforo. Por la senda peatonal camina una mujer muy linda. El día está caluroso, por lo tanto, tiene la poca ropa necesaria para sentirse cómoda.
Habla el remisero:
- Mirá esta, que hembrón ¿no? Pero fíjate una cosa, mirá como está vestida ¿eh? Después se quejan... Porque esta piba está provocando o ¿no?

Segunda escena.
El tránsito está terrible. El remisero se justifica, impone el itinerario y cuenta por qué motivo haremos ese recorrido.
Habla el remisero:
- Mirá, vamos a agarrar por Libertador porque quería bajar por Corrientes pero me avisaron por la radio que hay tres pelotuditos con bombos cortando la calle a la altura del Abasto.

Tercera escena.
El coche se detiene ante un semáforo en rojo cerca de los bosques de Palermo. Por ley contravencional, trabajan allí por las noches travestis. Unos pibes de 8,9, 10 años se ponen de espalda a los autos. Todos esperan los habituales malabares pero ¡oh, sorpresa!, los niños se dan vuelta en un gesto digno de la Susana de Shok y muestran, mientras se acercan con un paso típico de modelo, dos pechos artificiales armados con las pelotitas que habitualmente usan para mostrar sus habilidades circenses. Uno de ellos, le habla a mi remisero con una voz entre aniñada y femenina: “tiene una monedita, señor”. El señor ni lo mira.
Habla el remisero:
- Viste esto ¿no? Esto pasa porque los pibes miran lo que los trabas hacen acá a la noche. Las cosas que deben ver estos pibes, ¡por Dios!. Además deben decir: “a estos chabones, por vestirse de minas, le dan un fangote de guita, entonces, nosotros hagamos lo mismo”. Pero, así empiezan. Después no los para nadie. En 5, 6, 7 años pasamos y estos pibes están vestidos de minas. Con peluca y todo. Acordate lo que te digo.

martes, 2 de enero de 2007

Dos lecturas posibles

1) Qué costaba un: “Mi amor, ¿sos vos?”

2) “¡hay que matarlos a todos!” / “En la dictadura esto no pasaba”

Ergo:

“La madrugada del 29 de diciembre de 2003, César Mario Cristobo estaba durmiendo en su casa junto a uno de sus hijos. Un ruido lo despertó sobresaltado. Salió de la cama rápidamente y vio una sombra en la puerta de la vivienda.Tomó su revólver calibre 22 y disparó. Cuando se acercó al cuerpo que había quedado tirado en el piso, descubrió que había matado a su mujer, Ana María Forzano. El hombre dijo a la Policía que la confundió con un ladrón.
(...)
Según se determinó, Ana María, al no encontrar las llaves quiso entrar a la casa por un ventiluz lateral. Pero su esposo escuchó ruidos extraños y creyó que se trataba de asaltantes: agarró un revolver calibre 22, salió de la casa y realizó un disparo a oscuras. La mujer recibió un balazo en el cuello y murió.”

Fuente: Clarín Digital del 26 de diciembre

domingo, 31 de diciembre de 2006

No somos nada (II)


Según Fundación Alemana de Población Mundial, en algún momento del día de hoy seremos/fuimos/ somos 6.589.115.982

La población mundial crece:
2,6 personas por segundo, es decir, 1.500.000 por semana, es decir, más de 80.000.000 por año.

Los países en desarrollo, adonde gran parte de la población vive en la pobreza, son responsables del 98 % del crecimiento demográfico.

Hasta la actualidad vivieron en el planeta casi 107.000 millones de personas, lo que equivale a que la población actual es de aproximadamente el 6 % de todas las personas que alguna vez nacieron.

viernes, 29 de diciembre de 2006

¿Nunca más?

Hoy, más que nunca, suena a plegaria, a suplicio, a consenso circunstancial...

La gente ahora dice "nunca más". Pero antes supo decir que por algo había sido, que ellos no sabían nada, que -como víctimas- quedaron en el medio de dos demonios que se amasijaron a tiros y bombas...

Los modos progres de Montecristo se desilachan en un Lisandro encarcelado (justicia), mientras suena un tango que habla de la locura. ¿Los represores son locos? ¿Son monstruos? ¿Son de otro mundo?
- Sí, sí, sí -gritan las fans de Echarri que triplicaron las consultas a Abuelas- son malos, malos, malos. Sólo un loco puede hacer lo que hizo Lisandro. O ¿no?
Y suspiran aliviadas.

Anteayer, en el mismo momento que unas siete mil personas desaforadas hacían cola para entrar al Luna Park y ver el último capítulo de la novelita, era secuestrado Luis Gerez.

López y Gerez.

jueves, 28 de diciembre de 2006

La inocencia del sentido común

El subte se detiene en Dorrego. Sube un hombre ciego con una mujer embarazada que lo toma del brazo. Hace un discurso en donde solicita que lo ayuden, que por ser ciego lo discriminan, que está por tener un hijo, que le den 10 o 5 centavos, que eso le sirve.
Un pibe de unos seis años observa atento la situación. Está sentado en la butaca de a tres, entre dos viejos que leen La Razón. Su padre, parado frente a él, cuelga de las manijas.
- ¿Pa’?
(...)
- ¡¿Pa’?!
- Sí...
- Viste que hay chicos chiquitos que piden en la calle y después, y después, y después...
(El padre asiente con la cabeza, le da ánimo con los gestos de la cara para que termine la frase, se siente orgulloso por las palabras que dirá su hijo).
- Y después, los grandes le roban la plata. ¿Viste, pa’ que es así?
- Sí hijito, es así.
- Y por qué le roban.
- Porque se aprovechan de los chicos.
- Ah...

Padre e hijo bajan de la mano en Carlos Gardel. El shopping los espera.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Pisen tranquilos, nomás

Se calcula que la población mundial de hormigas –unas 9500 especies conocidas aunque se cree que en verdad son 19 mil– es de 100 mil millones, y que si se las pesara a todas en una imaginaria superbalanza planetaria su peso en conjunto sería aproximadamente igual al de todos los seres humanos juntos.

Fuente: Suplemento Futuro de Página/12 del 23 de diciembre de 2006

martes, 26 de diciembre de 2006

Indignación navideña

Estación de Barrancas de Belgrano, andén con destino a Tigre, lunes 25, 10:30 AM, dos señoras bien del barrio hablan muy acaloradas.
- Pero viste cómo son, ¿no? No tienen para comer, pero sí para la pirotecnia.
- Sí, los vi, ni me hables. Me indignan esas cosas. Además se ponían en el medio de la calle, como si fuera de ellos.
- Y bue...
(silencio)
- Y ustedes cómo la pasaron.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Cotidianeidad muda

Calle Rodríguez Peña (entre Sarmiento y Perón). Una madre, joven ella, sostiene a su bebé, varoncito de unos 2 o 3 meses, con los ojos bien abiertos. Está parada en la calle, bajo los rayos del sol, esperando un taxi. En sus piernas se apoya el cochecito.

Pasa un muchacho, es coetáneo a la mujer. Se detiene frente a madre e hijo. Es la primera vez que se ven en la vida. Establece un contacto visual sostenido con el niño. Le dice unas palabras y le hace, parece, algunas morisquetas. La madre se ríe. El hombre se retira.

La madre queda sola junto a su hijo como hacía un instante. Continúa sonriendo, mientras extiende su brazo en busca de un coche de alquiler. La calle está vacía. Sus labios se mueven, le habla al bebé, le cuenta algo, o más bien, le explica. Sigue la sonrisa.

El bebé me mira pasar.

jueves, 21 de diciembre de 2006

Restos


Córdoba al 1700. Doce y media de la noche. Las luces interiores del Mac Donalds resplandecen a una calle oscura y a unos veinte pibes de entre 15 y 20 años que esperan que algún empleado del mes deje en bolsas negras los sobrantes de los parroquianos globalizados.
La escena transcurre: dejan los residuos, los pibes se acercan y –de a dos o tres– revisan las bolsas hasta dar con su “cena”. No tardan demasiado en encontrar algo. Algunos comparan la suerte de cada uno a la hora de la búsqueda. Se ríen.
Sigo con la mirada a uno. Sus manos revuelven entre papeles y cajitas felices hasta dar con una hamburguesa a medio comer.

(Ahí hay algo, pienso, e imagino la escena previa: el gesto de saciedad de la persona que dejó la hamburguesa a medio comer, el erutito placentero ayudado por la gaseosa, la hamburguesa en el plato ignorada por su comensal, abandonada a la suerte de una bolsa de residuos. El empleado que recoge la bandeja, luego vaciada a un repositorio, en un gesto corporal automático, sin culpa por la situación que verá cuando estén cerrando el local).

La toma con cuidado, la acomoda, la mira, la muerde, le dice algo a un compañero, mastica, camina por Córdoba...
El resto de los chicos realizan las mismas acciones. Uno a uno se van yendo. Las bolsas quedan allí, abiertas, vaciadas de los restos. La vereda también...

Alguna vez, hace unos 10 años, observe una escena similar en un Mac Donalds cercano a Plaza San Martín. La diferencia era que los que esperaban eran mujeres con sus hijos pequeños.

(Ahora pienso que tal vez pueden ser los mismos pibes de la calle Córdoba. Un modo de la condena: ir a esperar la basura de Mac D. desde niños hasta la adultez pasando por la adolescencia).

Me acuerdo que esa vez me acerque a un empleado feliz para preguntarle por qué viendo a la gente esperando la basura no se lo daban de otro modo. “No nos dejan darles los restos que sobran en la mano”, fue la respuesta.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

El amor según Lacan

“El amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”

martes, 19 de diciembre de 2006

No somos nada

A mediados de 2007, dicen, habrán 100 millones de blogs.
Si este que están leyendo en este preciso momento persiste, representará el 0,000001 % del total.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Sin escalas (de Monte Chingolo a Río Cuarto)

Dos hombres en un vagón de la línea B. Ambos con sendos trajes de ejecutivos, parados, aferrados a las manijitas de plástico. Uno: cincuenta y tantos, bigote, canoso, con voz firme, convencido. El otro: de película, casi un estereotipo, casi cincuenta, bigote militaroide, anteojos negros estilo servicio de inteligencia.
A continuación, el diálogo, de corrido, así como lo leen:
- El otro día paso por el Coto de Belgrano y veo una pintada que dice: “Homenaje a los héroes de Monte Chingolo”... Yo no entiendo nada... ¡no entiendo nada! A los jóvenes le vendieron la historia cambiada, les venden una parte de la historia. Porque cuando sucedió eso, Isabelita firmó ese decreto donde decía que había que aniquilar a la subversión. Era clarísimo: aniquilar a la subversión. Y sí, qué querían que haga, no había orden, todo era una anarquía. Lo que hicieron después es discutible, la verdad que no sé si se les fue la mano o no, pero es discutible.
- Igual, lo que pasó después habría que verlo desde una perspectiva histórica. Pero es lo que vos decís: a los pibes de hoy les venden una sola campana.
- Ahora no se respeta ningún derecho, no hay parámetros ciudadanos, no hay instituciones fuertes. Si me apuras un poco te digo que estamos como en esa época, antes del golpe. Nadie respeta nada, las leyes están de adorno. Cualquiera hace lo que quiere... no se puede tener un auto cero kilómetro porque le estás diciendo a los chorros: “vení, afaname, ¿no ves el auto que tengo?”. Ni los vidrios polarizados te dejan tener. Te ponen multa...¡multa! ¿podés entender eso?
- Así estamos... así está este país.
- Y ahora Blumberg que denunció no sé que movida de la provincia de Buenos Aires. Está deschavando a unos cuantos, lo bien que hace.
- Sí, Solá salió al cruce. Pero hace bien Blumberg, alguien lo tiene que hacer. Es lo mismo que pasa en Río Cuarto. Ahí hay algo groso, mucha guita, políticos de por medio. Algo de las obras sociales, acordate lo que te digo.

sábado, 16 de diciembre de 2006

Pinochet II

Un nieto, el de él, lo reivindica, lo llama salvador, sin él la patria habría caído en las garras marxistas.

El otro, el del asesinado General Prats, escupe el cajón vidriado.

Allí está él: vestido de militar, casi verde, como un sapo a punto de estallar, muerto.

viernes, 15 de diciembre de 2006

zzzzzzzzzz!

Internet no es sólo...
mujeres en bolas,
“bajar” música,
chatear con minitas,
armar gruposyahoo.com.ar
leer (por arriba, siempre por arriba) las noticias del fútbol del domingo

Cuesta identificar a internet como algo más que un lugar para entretenerse.
Espero sepan entender barbáricos dormilones que también hay otras cosas...

Para entender a youtube hay que haber leído el Quijote.

Tiré el sayo a ver quién se lo pone.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Postales

I.
San Jorge es un pueblo de Santa Fe que posee la única fabrica de bolitas de vidrio del país (y creen de Sudamérica). En un día puede llegar a producir 400 mil. El negocio (?) es que venden 100 canicas a $ 1,21 (IVA incluido).

II.
¿Existen monumentos del Che Guevara en Argentina que no sean los que están (si es que hay) en Rosario y Alta Gracia? En una plaza de Chilecito (La Rioja) hay un cheguevara de algún material noble que abraza a un niño mientras mira el horizonte.

III.
En Santiago del Estero, existe un pueblo que se llama Ahí veremos.
Conversación apócrifa sobre el origen del nombre:
- Che y cómo le ponemos al lugar cuando lleguemos.
- Y... no sé...no se me ocurre nada. Déjame pensar un rato.
- Y sí, es difícil bautizar un lugar, es una marca que queda para siempre. Es como cuando le pones el nombre a tu hijo. Lo estás condenando de por vida a que lo llamen de ese modo.
- Bueno, no nos apresuremos, tenemos todo el viaje para pensar. Ahí veremos.
Y ahí vieron.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Instant-taneas

Instantáneas de la calle
veo una separación, un choque
un estallido, una universidad,
viven haciendo las paces
hay un chico que se escapa
un toro, una señora,
un cielo, un capitán
y yo sigo con vos,
sabés se hace difícil seguir anclado
aquí sin tu amor sin tu amor...

Instantáneas de la calle
hay dos tipos en la esquina
uno hace una seña,
el otro que se va
hace frío en Buenos Aires
música en los automóviles
caen del walkman gotas de humedad
y yo sigo con vos,
sabés se hace difícil seguir anclado
aquí sin tu amor sin tu amor...
Ya sé, siempre soy yo
andar siempre buscando y
siempre volviendo a tu corazón
a tu pobre corazón...

Fito Páez

martes, 12 de diciembre de 2006

Pinochet


Jacqueline besa la frente de su hijo. Sus ojos tienen señales de llanto, todavía unas lágrimas le bordean las pupilas. Su rostro triste es fino, delicado. ¿En qué piensa? ¿En las cosquillas que le hacía su padre cuando ella era apenas una niña? ¿En las caminatas junto a él hablando de consejos, de pasos a seguir, del futuro feliz?
Con su mano izquierda cobija la cabeza del niño, sus uñas están cuidadas y un anillo decora su dedo anular. El niño es el nieto, tendrá unos 10 años. Y llora, su cara está acongojada. Su boca es la tristeza en forma de puchero. ¿Qué pensará cuando ve en la tele que muchas personas salen a festejar la muerte de su abuelo?

3.500 desaparecidos y ejecutados
30 mil exiliados
200 mil en las cárceles secretas

“No se mueve ni una sola hoja en este país si no la estoy moviendo yo, que quede claro”, dijo en octubre de 1981.

“Las investigaciones sobre Pinochet se cerrarán y él será sobreseído por muerte”.

Jóvenes chilenos extiende su brazo derecho frente al cajón vidriado en señal de devoción fascista.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Guerra de miradas

¿Por qué será que los otros se empeñan denodadamente en sostener la mirada cuando uno los mira a los ojos?
Contra:
- rubia, ojos celeste, esbelta, hermosa: pierdo, obvio.
- 10 años, morocho, cara curtida por la calle: “¿Me da 5 o 10 centavos para comer?”: pierdo.
- hombre, de mi edad, uniforme de seguridad privada, no quiere estar ahí, parado en esa puerta: por lo tanto, gano.
- flequillo stone, una niña de 16 años, remera de Callejeros, desafiante: pierdo.
- ejecutivo de mediana edad, traje, maletín, telefonía móvil: gano (pero con ventaja, estaba hablando por celular).
- mujer, casi cuarenta, muy producida, anteojos oscuros (¿me mira?): gano.
- viejita en la escalera del subte, pelo canoso, mano extendida en señal de piedad: pierdo, siempre pierdo.
- canillita joven, en su armazón verde, rodeado de revistas, diarios, libros, un profesional en la materia de mirar a los que pasan: pierdo.

Costumbre urbana: guerrear con los ojos.

(huelgan las palabras)

jueves, 7 de diciembre de 2006

Intercambio

1.
- Hay que ser pragmático, aunque suene peronista. Hay que serlo para no morir en el intento.
- El pragmatismo suena peronista. Pero si uno muere en el intento, bueno, al menos lo intenta...
2.
3.
- Yo a Lola la banco. Me divierte leer las boludeces que escribe. La leo mientras almuerzo en la oficina.
- Si es por eso, prefiero ver a Chiche maltratando anoréxicas en “La vida bella”... me cansa un poco el boludeo pseudo intelectual: prefiero una porno a una pseudo libertina que juega a la marquesa de la S.A.D.E.
4.
- Y como me hago cargo del clima de época, acabo de inaugurar un blog. (Suena triste para alguien que se siente interpelado por los ’70: mi clima de época es un blog).
- Y sí, cambiamos plaza por pantalla. Vi tu blog. Me parece buena la idea de rescatar diálogos perdidos, cosas vistas por ahí. Leí la anécdota que me incluye (pero la frase terminaba en “y pregúntales dónde están...”)
5.

6.
- abrazo
- ídem

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Relativismo cultural

-Hay que cambiar la cultura– le decía muy apasionada una mujer de cincuenta y pico a su compañera de trabajo, también de cincuenta y tantos, en un vagón de subte desbordado de cuerpos humanos.
Cuando uno escucha esa frase -hay que cambiar la cultura– se asusta un poco. Lo primero que me pregunté apenas termine de escucharla es qué quería decir con eso, en qué estaba pensando. E intente imaginar algunas argumentaciones que vendría después de esa contundente afirmación, pero la mujer me ganó de mano:
-El otro día me estaba por bajar del colectivo, estaba yo sola y el chofer, y cuando me estaba por bajar, veo que en un asiento había una bolsa con pan dulces. Entonces, yo la agarré y le dije al chofer que yo me la podría haber llevado pero no me la llevo porque hay que cambiar la cultura, yo se la doy a usted, usted haga lo que quiera, pero sepa que hay que cambiar la cultura, la persona que se olvidó esto tiene que recuperarlo, usted haga lo que quiera pero lo mejor sería que la persona llamé a la empresa y que en la empresa lo tengan y se lo devuelvan, así vamos a empezar a cambiar la cultura de dar por perdido algo que dejamos olvidado en algún lugar.

Dijo. Y mis conjeturas se fueron al tacho.

martes, 5 de diciembre de 2006

Las máximas del hambre (según la derecha mediática)

Corría mediados del 2002 y el país estaba conmocionado por el show del hambre. Todos los días aparecían noticias del tipo: “Dos alumnos se desmayaron del hambre en una escuela pública de Santiago del Estero” o “Un niño fue encontrado en Corrientes comiendo tierra” o, lo peor: “Cuatro niños murieron desnutridos en el Hospital de Niños de Tucumán”.
(Qué lastima que los pibes muertos no contaminaba como las pasteras de Botnia. Capaz que así nadie hubiera cuestionado demasiado los cortes de ruta de entonces. O, quizás, mejor: tal vez hubieran salido a las calles a reclamar para que ningún pibe muera de hambre).
En eso estábamos cuando una noche cualquiera, en un programa periodístico de la medianoche, Antonio Laje (uno de los delfines de Daniel Hadad) se despachó con las máximas del hambre. Lo escuché, no cambié de canal. Dijo algo así:
- Usted vieron a los padres de los chicos desnutridos ¿no? ¿Los vieron desnutridos a ellos? No ¿no? ¿Por qué será? Es evidente que no les dan de comer a sus hijos.
- Además, en el interior tienen una posibilidad que en las grandes ciudades no tenemos. La posibilidad de cultivar la tierra. Cualquiera tiene un pedazo de tierra donde puede hacer una huerta.
- Pero seamos claros. Eso no lo hacen porque el argentino es vago. Al argentino no le gusta trabajar.

Eso dijo, apagué la tele y me fui a dormir.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Mucamitas



L. sacude el plumero en una gran biblioteca llena de libros progres.

Pero cuánto querés ganar/ Una maestra gana un poco más que eso y vos no tenes los estudios de una maestra ¿o si?

No te podes quejar ¿no?

- ¿L?
- Sí, señora.
- Veo la casa media sucia...
- Es que la beba me lleva mucho trabajo, señora.
- Bueno, pero yo te contrate para las dos cosas, sino tendré que buscar a otra persona.

- ¿Mañana no podes venir, no?
- No, señora, tengo que ir a una reunión de padres a la escuela de mi hijo.
- Ah, bueno, te descuento el día, entonces, ¿no?

650 por mes, 160 horas por mes

4 la hora, más no puedo.

viernes, 1 de diciembre de 2006

Al servicio de la comunidad

Una señora en la vanguardia del malón de todos los días en el pasillo del subte fue la primera que lo vio, dudo en seguir, se frenó, pensó en recular pero la marea humana la obligó a seguir (¿no era tan vanguardia o los vientos de la historia la hicieron seguir?). De la marea podían escucharse frases tales como: “Ay, pobrecito”/ “pobre, está pasado de drogas”. Al lado del pibe (pecoso, pelo castaño, desplegado en el suelo) había un yogur. Alguien se había conmovido.
Subo las escaleras maldiciendo al mundo, a la ciudad, a la vieja de recién, a todos, a mí. Camino un par de metros la vereda de Corrientes y recuerdo al inútil policía que todas las benditas mañanas está boludeando en la boca del subte. Sigo caminando mientras pienso: “¿Qué será al servicio de la comunidad para estos forros?, ¿perseguir y cagar a tiros a chorros? ¿a quién cuidan? ¿a los turistas que salen de ese hotel de mierda?”. En esa perorata de ciudadano indignado estaba, cuando decidí darme vuelta y buscarlo para decirle que qué se cree, que proteger a la comunidad no es sólo que no afanen a los turistas, que proteger a la comunidad es también atender a un pibe tirado en el subte, que qué mierda se cree. Eso pensaba mientras lo veía sonreír y charlar muy amigablemente con otro policía más joven. “De qué se ríen”, pensaba y me daba máquina.
Llego, los enfrento y les pregunto con un tono no tan belicoso como el de mi pensamiento (el uniforme todavía sirve para algo):
- ¿Pueden hacer algo por el pibe que está ahí abajo?
- Ya llamamos a la ambulancia. La estamos esperando– me dice entre cortante y podrido de escuchar la misma sugerencia.
- Ah... bueno, gracias– digo titubeando mientras palmeo a uno en gesto de agradecimiento.
Media vuelta y me voy, casi humillado.