miércoles, 24 de diciembre de 2008

25 del 12


sábado, 20 de diciembre de 2008

20 del 12

Hace 7 años, a esta hora, las 3 de la mañana, abría la puerta de casa y me encontraba con la tele encendida, el ventilador de techo a todo lo que da y todas las luces del departamento prendidas. Había salido a la calle a ver qué pasaba y terminé corriendo de los gases policíacos por Diagonal Norte. Y encima en ojotas.
Tampoco imaginaba que 12 horas después iba a estar en el Obelisco, detrás de una columna de la facultad, intentando avanzar hacia plaza de Mayo. Nada heroico por cierto. Días después me enteré que a una cuadra de allí habían matado a un pibe de un balazo.
Ya lo dije antes: hoy, lo del 19 me da vergüenza; lo del 20, no.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

25

(pinchen la imagen para verla y leerla mejor)



lunes, 8 de diciembre de 2008

Final amarillo

Éramos 3, parados a la espera del 152 en Paseo Colón entre México y Chile. Y los 3 mirábamos a la pareja que estaba frente a nosotros, en el boulevard, bajo los árboles que tiene esas bolitas amarillas que en primavera nos hacen estornudar. Cada tanto pasaba un taxi, el 152 se veía venir allá a lo lejos, la calle estaba casi desierta, serían las ocho y media de la noche. Los 3 mirábamos, hipnotizados, perversos, impunes.
Ella lloraba desconsolada. Él trataba de calmarla con palabras que no llegábamos a escuchar. Los dos tenían remeras amarillas que combinaban con las bolitas de los árboles. El amarillo dominaba la escena: en el piso, ellos, los árboles.
Ella gritaba desesperada: “No me dejes, por favor”. Él, supongo por los movimientos de sus manos, le quería hacer entender que ya estaba, que no había más que hacer.
Conmovía ver a esa chica así. Desee no pasar nunca por esa situación. Ni ser ella, ni ser él. Por suerte el 152 llegó rápido. Subimos los 3. Atrás quedaron ellos entre el llanto, las explicaciones y las bolitas amarillas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Por qué la clase media nunca va a ser feliz

Ya lo contestó Lucio V. Mansilla, en 1870, en un increíble libro que se titula Una excursión a los indios ranqueles: "Digan lo que quieran, si la felicidad existe, si la podemos concretar y definir, ella está en los extremos. Yo comprendo las satisfacciones del rico y las del pobre; las satisfacciones del amor y del odio; las satisfacciones de la oscuridad y las de la gloria. Pero ¿quién comprende las satisfacciones de los términos medios; las satisfacciones de la indiferencia; las satisfacciones de ser cualquier cosa?"

jueves, 20 de noviembre de 2008

Ay, los taxistas

Cada vez que este blog está por morir aparece un taxista. No sé qué sería sin ellos. A veces pienso que alguna divinidad me los manda, por eso no los peleo ni los puteo. Los escucho y les pregunto, mientras mis tripas se exprimen en úlceras que un milanta sabrá apaciguar luego. A veces no puedo creer que sean así: tan parecidos a un personaje de película argentina mala.
Sería tan largo contar todo. De hecho algunas cosas se me olvidaron. El tipo tiene 40 años y hace 20 que maneja un taxi. Cuando le digo adónde vamos, me dice: “Mi infancia la viví a la vuelta de tu casa, en la plaza Zapiola”. De movida me cuenta que una vez cinco terrorista tomaron una casa de Juramento entre Álvarez Thomas y Miller, que la bajaron con una bazooka, que vio a uno de los terroristas muerto en la esquina, que al otro día fue con sus amigos y metía los dedos en los agujeros de las balas en la pared de la casa, que los tiros todavía están, que él sabe que la democracia no se puede cuestionar pero que en ese momento se sentía más seguro, que no tendría miedo de la gente que se sube a su taxi, que no se robaría tanto, que los militares no robaban, que en los hospitales se atendería primero a los argentinos y no a los extranjeros, que odia a los políticos, que ama a los militares (y ojo el piojo, aclara, no tengo ningún familiar milico), que si quiero pensar que es un facho que lo piense, pero que él solo quiere llevarle la comida a sus dos hijos, que tiene miedo que lo maten, que no da mantener con sus impuestos a gente que no trabaja, que son vagos, que no quieren trabajar…
Toda esta perorata me costó 33 pesos. Sólo intervine una vez: “Los militares no robarían plata, pero se afanaban bebés”. Hizo como que no me escuchó.
En el baúl llevaba un tacho de 20 litros de pintura blanca. Antes de subirlo me preguntó mil veces si estaba bien cerrado. Yo le dije que sí, pero cuando llegamos, la alfombrita estaba manchada . Dulce venganza blanca. ¡Ah! Y era de Argentinos que justo en ese momento recibía un preciso gol de Estudiantes en el semi de la Sudamerica. Dulce venganza pincha.

viernes, 10 de octubre de 2008

El kirchnerismo según pa'

Yo digo:
Está bueno el poema de Cortázar, bien gorila, como era en ese tiempo que lo escribió
Yo digo:
Después se dio cuenta que aunque reneguemos de ellos, somos eso: peronistas.
Yo digo:
Ja
Papá dice:
Los peronistas murieron con Perón... (hace más de treinta años). Y el poema de Cortázar recuerda que los que se dicen hoy peronistas quedaron anclados en la década del '50, hace casi 60 años. Felizmente la historia, lentamente pero sin pausa, corrige a algunos cabeza-duras, a pesar de las insistencias...
Yo digo:
El peronismo es más que Perón (y al decir eso no me siento vandorista, eh). Lo digo porque se convirtió en un modo de mirar, sentir, concebir a este país...
Yo digo:
No se puede pensar al país sin el peronismo, hay que hacerse cargo de eso.
Papá dice:
A esta hora no sé qué es "peronismo", pero aceptemos que es Kirchner. Entonces sí no se puede pensar al país sin el peronismo. Es inevitable... Nos están todo el día machacando quiénes son con sus desbordes evitistas. Pero los vientos están cambiando... aceleradamente... Y me voy porque me echan de la sala. Quieren limpiar… Un beso

jueves, 9 de octubre de 2008

Bombita Rodríguez

¿Por qué nos reímos con Bombita Rodríguez? Una respuesta posible.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Crack

"Le hizo ¡crack! el hueso al final,
¡qué ruido! ¡crack! (hasta astillar...)
Le hizo ¡crack! el hueso al final,
¡nunca nada especial!"

Fragmento del tema "Nadie es perfecto" de los Redonditos de Ricota.

martes, 7 de octubre de 2008

El pueblo se expresa

Los lectores de lanacion.com no pierden ninguna oportunidad, cualquier bondi los deja bien. En una noticia sobre extinción de animales uno puede leer comentarios como este:

Silviacalvete
Ojala que entre esos pobres inocentes, pudieramos incluir, pero solo con la seguridad de desaparicion segura, a nuestros 2 ejemplares patagonicos, seria la gran solucion a todos nuestros males.


(se dice que silviacalvete tiene muchos problemas con el tilde, sólo se dice, eh, no vayan a pensar mal, que es una burra y esas cosas).

viernes, 3 de octubre de 2008

Alfonsín

Tulio Halperin Donghi dice que la hiperinflación fue la dictadura de la clase media.

Un compañero de trabajo dice que el gobierno de Alfonsín fueron los peores años de su vida.

Yo tengo un recuerdo de aquella inflación: en casa dejamos de comprar coca para empezar a tomar jugo tang.

Mi mamá tiene en su habitación muchas fotos de sus hijos y una foto bien grande con Alfonsín.

La Casa Rosada tiene su busto. (“¿Viste que no se parece en nada?” / “¿Por qué lo expusieron así, tan demacrado?”)

Mi hermano estuvo en el escrache que le hicieron en el 2002.

Yo tengo fotos de niño en las que se me puede ver haciendo el gesto de Alfonsín.

martes, 30 de septiembre de 2008

Volver

Hace unos meses un amigo volvió a su lugar de origen después de vivir muchos años en Buenos Aires. Escribió una carta que me gustó. A continuación unos fragmentos:
"Llegó la hora, llegó el transfer vía fax, y tengo un cagazo padre.
Pensé que este momento no llegaría mas... dejo 15 años intensísimos, de búsquedas, de aprendizaje, de crecimiento y de energía.
Atrás queda malabia, el soho, el futbol, el 22, lo de Norman, Valdes, el downtown, el Europeo, el fucking building, Mancini, y los porteros de cada uno de los edificios donde alguna vez moró algún integrante de la vagancia. Los conozco todos, de nombre de pila y con confianza... he testeado todas las instalaciones sanitarias.
Algunos sé que los pierdo casi para siempre, más que nada los ancianos que perdieron el tren tecnológico, otros seguro se vienen en cuanto puedan. La selva de cemento es enorme y hermosa, pero te deja solo de soledad absoluta.
Quienes nos criamos tirando piedras, en bici y arriba de un árbol, no podemos comprender el cumpleaños de un niño entre cuatro paredes custodiadas por el payaso asesino, con estrictos horarios de entrada y salida y con algún que otro guachín ganándose el mango inventándoles juegos estúpidos... Eso, no.
Elijo el horizonte, pero la movida me arrebató. Quedo en orsai con la galensa, la jugada me agarra volviendo... Quedan mil cosas en el tintero... el tintero para un rompebolas como yo, es infinito, un aljibe de tinta... Es que no sé lo que quiero, pero sé lo que no quiero.
Me queda la conciencia tranquila de que no me guardé nada, golpeé las puertas desde el Congreso hasta el Faena Hotel… Psicólogos, médicos, funcionarios, entrenadores, profesores, profesionales, y cuanto superior me rodeó, supo de mis sueños. Muy pocos quedan en la galería de los grandes. Eso da más fuerza y ambición, y sobre todo amor por los guachines. Quien ayuda a un junior, demuestra fuerza, fe, confianza y seguridad en sí mismo, o sea huevos. Lo que falta en muchos lugares, en muchos aspectos.
No descarto nada, porque María me enseñó a poder fallar. O la rompo, o vuelvo, o tal vez fallo. Besos.
(estoy que lloro, qué puto!)"

domingo, 28 de septiembre de 2008

Huesos


Las pibas subieron en Lacroze –o Chacarita– a los gritos, a las risas, demasiado desaforadas para la hora que era, las 9:43 de la mañana. Querían que todo el vagón se entere de dónde venían. Y lo lograron.
Las dos se pararon frente a mí –yo sentado–, una de ellas tenía la mochila hacia delante. Reían y hacían chistes. Hablaban de alguien que ahora ellas poseían. “Es todo nuestro”. “Bueno, todo no. La cabeza nomás”. Más risas. Lo tenían ahí, en la mochila, una de las chicas le pasaba la mano a modo de caricia, no paraban de reírse. “Bueno, ahora hay que estudiar, eh, huesito por huesito, dientito por dientito”.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Islas


"No es imposible que toda ausencia sea, definitivamente, espacial... En una parte o en otra estarán, sin duda, la imagen, el contacto, la voz, de los que ya no viven (nada se pierde...)"

"Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la más insoportable de las pesadillas; estar enamorado de una de esas imágenes era peor que estar enamorado de un fantasma (tal vez siempre hemos querido que la persona amada tenga una existencia de fantasma)".

"No estuve muerto hasta que aparecieron los intrusos; en la soledad es imposible estar muerto"

La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La voluntad

“El cuerpo: el cuerpo es el modelo equívoco de la voluntad. Mirás la mano, decidís cerrar el puño y cierra. Con el brazo enyesado, mirás las únicas falanges visibles, querés cerrar la mano y la mano sigue paralizada ahí, pero dando, con su impotencia, la buena noticia de que alguna vez volverá a poder cerrarse a voluntad. Y si no tenés brazo, igual podrás comandar tu mano imaginaria: mandás la orden pero nada se cierra mientras se empieza a abrir la certidumbre de que si tuvieras tu brazo, tendrías allí una mano abriéndose.
Esa es la costumbre de la voluntad. Pero el mundo no es un brazo perdido. Ni siquiera es un brazo ajeno. El mundo es lo que sucede fuera del alcance, ya no del brazo, sino de toda voluntad.”
Rodolfo Fogwill en En otro orden de cosas

domingo, 7 de septiembre de 2008

Los Argentinomedios




jueves, 4 de septiembre de 2008

El peronismo según pa’



Mi hermana estudia Trabajo Social en la UBA y en una de las materias le pidieron que personas de más de 50 años escriban sobre el peronismo. A continuación, el recuerdo de mi padre:
“Lo primero que recuerdo al pensar en las políticas sociales durante el primer gobierno peronista es una frase de mi mamá durante una charla con una vecina. Yo era chico pero me quedó grabado aquello de que ‘entonces llegó Perón y gracias que nos avivó un poco’.
Después me pregunté quienes eran las personas ‘avivadas’ por Perón y llegué a la conclusión de que éramos nosotros, integrantes de ese barrio de una ciudad pequeña, conformado por familias de trabajadores con actividades modestas pero que eran suficientes para seguir viviendo con cierta tranquilidad y garantizar a los pibes la concurrencia a la escuela primaria y su continuidad hasta donde se pudiera.
Otro interrogante que me planteé fue en qué había consistido la ‘avivada’ recibida de Perón. La charla de las vecinas entonces era sobre el trabajo cotidiano y es lógico pensar que, entonces, la ‘avivada’ venía por el lado de las leyes laborales destinadas a proteger a los trabajadores y a poner un límite legal a los posibles abusos de los patrones, que ahora no podían hacer lo que quisieran.
La figura de Perón aparecía así directamente ligada a los beneficios de un salario digno, el goce de las vacaciones, el cobro del aguinaldo, el cumplimiento de horarios de trabajo, las jubilaciones y ayudas sociales y otras ventajas que hacían más llevadera la vida cotidiana, aportando más tranquilidad al seno familiar.
Otro recuerdo que tengo es haber visitado de muy chico lo que se conocía como Escuela Hogar, un establecimiento muy moderno y de dimensiones grandísimas a los ojos infantiles. La escuela estaba destinada a atender a chicos de lugares muy distantes que no tenían acceso a la educación y eran llevados allí donde comían, dormían y estudiaban con la asistencia estatal. Ese tipo de escuelas, con fines tan respetados y loables, que se identificaban por características constructivas muy particulares, estaban
ligadas al gobierno de aquella época. Lo mismo ocurría con hospitales y otras dependencias para brindar atención a la gente. ‘Los hizo Perón’, se repetía incansablemente como poniéndole un sello definitivo y distintivo, que aun hoy se puede escuchar de alguna edificación que se conserva de aquella época y a la que se elogia por su solidez y continuidad.
Me acuerdo también del barrio donde pasé mi infancia, constituido por casitas del mismo tipo que ofrecían una imagen novedosa, de orden y armonía, atribuyendo cierta dosis de distinción a sus moradores y otra dosis similar de esperanza a los que aguardaban ser adjudicatarios Perón ya no estaba, pero el proyecto del barrio venía de los años de su gobierno y -como tantos otros- ya no podía volverse atrás.
Estas acciones quedarían definitivamente incorporadas -a pesar de todas las contingencias- a las demandas de la gente. Y allí reside la importancia de ese período de la historia argentina en la que se dio respuesta a viejas deudas sociales.
Ya nadie, aunque lo disimule o no lo admita públicamente, pudo dejar de aceptar que la gente había sido "avivada" y que sus reclamos por mejores condiciones de vida tenían que ser tenidos en cuenta. Después vendrían otras demandas, otras exigencias. Eso sí, sin descuidar ni permitir que aquellos beneficios logrados sean arrebatados.”
(MM. 56 años. Nació en La Pampa. Vive en la Patagonia)

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El campo es la patria

El domingo fui de paseo a Tomás Jofre, un pueblito cerca de Mercedes. Y sí, mucha familia sojera. Muchas boina combinada con chomba lacoste. Mucho pañuelito en el cuello de las señoras. Mucho de esto también.
Me contaron que en el baño de las mujeres del restorán donde fui a comer pasó lo siguiente. Una nena estaba retobada con su progenitora, y ésta no sabía muy bien cómo ponerla en sus carriles. En el medio de esa disputa, mi testigo escuchó esta frase de boca de la madre:
–Yo no soy tu sirvienta para que me tratés así.

sábado, 30 de agosto de 2008

Hay taxistas y taxistas

Hay situaciones pequeñas y cotidianas que dan esperanza. Eso sentí después de un viaje en taxi. Éramos 4: el conductor, el fotógrafo, la chica que le hace la prensa a Nik y yo. El destino era Ilussion Studios, en Martínez, la meca de los dibujos de animación de nuestro país. Ahí por estos días, están haciendo la película de Gaturro.
La cosa empezó así. El fotógrafo, de la nada y sin previo aviso, se manda con esto:
–Yo no le doy mucha bola a las cadenas de mails, pero me llegó una que no sé, no la borré… Decía que hay taxistas que te piden que le atiendas el celular y, cuando lo agarrás, el aparato te pega una descarga eléctrica que te deja fulminado. Y ahí te afanan todo.
Bueno, a partir de ese comentario, las demás apreciaciones sobre la cuestión se dirigieron hacia la potencialidad criminal en cada una de las profesiones. Mi intervención fue simple:
–Bueno, gente, también hay fotógrafos que son ladrones… y periodistas, obvio.
En eso íbamos, cuando pasamos por detrás de la Casa Rosada. Para qué.
–Acá sí están todos los ladrones, si hasta la tienen que enrejar, qué vergüenza, por dios –se indigna el fotógrafo.
Inevitablemente, la conversación se estancó en ese tema. No escuché ni dije cosas muy diferentes a las que se pueden imaginar. Solo una. De boca del taxista:
–No puede ser que haya gente que tenga millones y otros que se mueran de hambre. Eso no lo entiendo, ni lo voy a entender nunca. Los que tienen millones tienen que darle a los que no tienen nada. No hay otra manera que las cosas mejoren si no es así.
Sí, un taxista que creen en la redistribución de la riqueza.
Hay frases que dan esperanzas.
Antes de bajar, el fotógrafo y la de prensa ya lo habían hecho, el taxista me dice:
–Vos y yo estamos del mismo lado.
Le dí la mano, lo mire a los ojos y bajé.

sábado, 16 de agosto de 2008

Buen viaje

Tengo que exorcizar un viaje. El mío de hoy a las 16.15 en avión. Hace días que tengo pesadillas. Mi avión se parte al medio, o miro por la tele como uno se estrella contra el mar, y cosas así. Por suerte, nunca me acuerdo cómo terminan. Y todo esto tiene una razón de ser. Mejor dicho, dos.
Terminé de leer Milagro en los Andes el día que saqué el pasaje. De hecho casi, casi me voy con ese libro a comprar los boletos aéreos. El autor del libro es Nando Parrado, uno de los sobrevivientes de aquel avión que se estrelló en la cordillera a mediados del ’72. Seguro que vieron Viven. Bueno, esa historia. El libro vale unas 20 líneas en donde cuenta el momento en que deciden escalar la montaña del oeste. Suponían –mal– que inmediatamente después de esa mole rocosa y nevada estaría la salvación. Cuenta Parrado que si hubieran sabido todo lo que necesitaban para escalar esa montaña y en qué condiciones estaban ellos, jamás se hubieran animado a hacer semejante travesía. Y dice, palabras más, palabras menos: “La ignorancia nos salvó”. Me gusta eso: la ignorancia también salva.
Bueno, me fui por las ramas. Retomemos. Ese día, estaba en la sede comercial de Aerolíneas en Florida y no me acuerdo qué. El empleado que tenía que darme los boletos me pidió el papel de la reserva, marcó un interno y habló con la mujer que me había atendido hacía un rato.
–¿El código de reserva? A ver… sí… Alberto, Graciela, Whisky, Tomás, Romeo…
Y yo: “Que no lo diga, que no lo diga, que no lo diga…”. Por suerte, no lo dijo. Faltaba la palabra Zulú. En vez de decir las letras, dicen nombres de personas o cosas. Así que desde este humilde espacio solicito a los responsables de tan prestigiosa aerolínea comercial que les comunique a sus empleados la prohibición de mencionar esas tres palabras. Cualquier ciudadano que esté al tanto del cine nacional sabe que Whisky Romeo Zulú es el nombre de una película que cuenta la historia del avión que se incrustó en la costanera norte en agosto del ’99. En realidad, era el nombre del avión. Así lo llamaban en la jerga de los pilotos. En una de sus alas se podía leer WRZ.
Después de decir todo esto, ¿tendré un viaje agradable?