Dice el joven y exitoso empresario Gonzalo Berra (37 años) a la revista Viva:
“Nosotros somos los hijos de los ’70. Crecimos en un tiroteo con el que no teníamos nada que ver. Esa era una generación egoísta que quiso explicarle a sus padres a los gritos cómo era el mundo. Nuestra generación no tiene grandes líderes, pero tampoco grita. Ejercitamos la tolerancia y el respeto a lo distinto. Y eso lo ves en los negocios”.
Alguna vez la organización armada uruguaya Tupamaros secuestro a un empresario. Lo recluyó en una barriada pobre de Montevideo y, lejos de mantenerlo en cautiverio en un cuarto oscuro y humedo, lo hizo vivir durante un tiempo con el sueldo que, en ese entonces, ganaba un obrero.
miércoles, 31 de enero de 2007
martes, 30 de enero de 2007
Postales policíacas de una ciudad patagónica
I.
Mucho policía en la calle. Parapetados en alguna dependencia oficial, algún negocio, el banco o el casino. O caminando de acá para allá por veredas que no tienen nada para decir. La fantasía de muchos será una toma de rehenes en “La anónima”. Como pasa en Buenos Aires. Pero no, nada de eso sucede. La gorra policial bien ajustada al cráneo para evitar un inesperado ventarrón. El revólver legal encastrado en el estuche, sin demasiado motivo para salir de allí en los próximos años, salvo que el oficial decida suicidarse, matar a su esposa o que su hijo lo use para amasijar compañeritos en la escuela. Diez cuadras para allá, diez cuadras para acá. De a dos, una mujer y un varón, contándose su vida.
II.
Pertenecer a las fuerzas de seguridad no es una cuestión de vocación de servicio. Es, ni más ni menos, la posibilidad de tener trabajo, la única salida laboral, la seguridad de pertenecer a algún lugar, la obra social, los beneficios, el sueldo mensual. El prestigio es la seguridad. Jóvenes caminan por las veredas luciendo distintos uniformes en sus distintos colores. Cada color es una fuerza: policía federal y provincial, gendarmería, servicio penitenciario.
III.
Noche en la ciudad, una mujer policía camina sola por la plaza del centro. Paso aburrido, manos atrás, cabeza gacha. La sigue un perro. El azul oscuro de su uniforme se pierde entre las sombras de los árboles. El chico que me gusta me espera en aquel banco, me llama, me invita a sentarme, la plaza está vacía para nosotros dos, me toma la cara con sus dos manos, me besa, me estremezco, nos desnudamos y hacemos el amor al lado del cartel prohibido pisar el césped.
Un auto pasa, el perro ladra, la policía lo sigue con la mirada.
Mucho policía en la calle. Parapetados en alguna dependencia oficial, algún negocio, el banco o el casino. O caminando de acá para allá por veredas que no tienen nada para decir. La fantasía de muchos será una toma de rehenes en “La anónima”. Como pasa en Buenos Aires. Pero no, nada de eso sucede. La gorra policial bien ajustada al cráneo para evitar un inesperado ventarrón. El revólver legal encastrado en el estuche, sin demasiado motivo para salir de allí en los próximos años, salvo que el oficial decida suicidarse, matar a su esposa o que su hijo lo use para amasijar compañeritos en la escuela. Diez cuadras para allá, diez cuadras para acá. De a dos, una mujer y un varón, contándose su vida.
II.
Pertenecer a las fuerzas de seguridad no es una cuestión de vocación de servicio. Es, ni más ni menos, la posibilidad de tener trabajo, la única salida laboral, la seguridad de pertenecer a algún lugar, la obra social, los beneficios, el sueldo mensual. El prestigio es la seguridad. Jóvenes caminan por las veredas luciendo distintos uniformes en sus distintos colores. Cada color es una fuerza: policía federal y provincial, gendarmería, servicio penitenciario.
III.
Noche en la ciudad, una mujer policía camina sola por la plaza del centro. Paso aburrido, manos atrás, cabeza gacha. La sigue un perro. El azul oscuro de su uniforme se pierde entre las sombras de los árboles. El chico que me gusta me espera en aquel banco, me llama, me invita a sentarme, la plaza está vacía para nosotros dos, me toma la cara con sus dos manos, me besa, me estremezco, nos desnudamos y hacemos el amor al lado del cartel prohibido pisar el césped.
Un auto pasa, el perro ladra, la policía lo sigue con la mirada.
viernes, 5 de enero de 2007
Postales de una ciudad patagónica
I.
Puente nuevo inaugurado por el señor presidente de la nación. Rutas de autopista. “Parece la entrada de una ciudad del norte”, pienso. Da la sensación de ciudad bien, de progreso recién llegado. A las veras del puente: el río marrón, el desierto, la vegetación achaparrada revoleada por el viento; más allá, el viejo puente de hierro; más acá, un barrio pobre, casas sin revoques, chicos jugando en las calles de ripio, perros.
II.
Edificios nuevos, exuberantes, iluminados, oficiales. En muchas esquinas y baldíos, obras en construcción, albañiles por de más. Pregunto de dónde tantas obras. “Futuras oficinas públicas”, me dicen. “¿Todas?”. “Sí, todas”. “Muchas plata tienen, entonces”. “El petróleo”, me confirman.
III.
Al cartel del cine teatro le falta el ON, las últimas dos letras del nombre de la ciudad. Y así muchas cosas a medio a hacer. O el típico: “faltan 5 para el peso”. La ciudad no le da demasiada importancia al detalle, a la pincelada final. “Para qué, si el viento te arruina todo a los dos días que lo terminaste de hacer”, diría alguien. Y un poco de razón tiene. Los carteles están oxidados, descascarados, emblanquecidos por el imbatible polvo. Los colores parecen no lucir, parecen no tener sentido.
IV.
Muchos cybers y negocios que venden accesorios informáticos. Pero hoy el pibe que atendía uno de esos cybers no sabía grabarme una foto a un CD. Lo terminé haciendo yo.
V.
Del casino entra y sale gente todo el tiempo, a cualquier hora del día.
Puente nuevo inaugurado por el señor presidente de la nación. Rutas de autopista. “Parece la entrada de una ciudad del norte”, pienso. Da la sensación de ciudad bien, de progreso recién llegado. A las veras del puente: el río marrón, el desierto, la vegetación achaparrada revoleada por el viento; más allá, el viejo puente de hierro; más acá, un barrio pobre, casas sin revoques, chicos jugando en las calles de ripio, perros.
II.
Edificios nuevos, exuberantes, iluminados, oficiales. En muchas esquinas y baldíos, obras en construcción, albañiles por de más. Pregunto de dónde tantas obras. “Futuras oficinas públicas”, me dicen. “¿Todas?”. “Sí, todas”. “Muchas plata tienen, entonces”. “El petróleo”, me confirman.
III.
Al cartel del cine teatro le falta el ON, las últimas dos letras del nombre de la ciudad. Y así muchas cosas a medio a hacer. O el típico: “faltan 5 para el peso”. La ciudad no le da demasiada importancia al detalle, a la pincelada final. “Para qué, si el viento te arruina todo a los dos días que lo terminaste de hacer”, diría alguien. Y un poco de razón tiene. Los carteles están oxidados, descascarados, emblanquecidos por el imbatible polvo. Los colores parecen no lucir, parecen no tener sentido.
IV.
Muchos cybers y negocios que venden accesorios informáticos. Pero hoy el pibe que atendía uno de esos cybers no sabía grabarme una foto a un CD. Lo terminé haciendo yo.
V.
Del casino entra y sale gente todo el tiempo, a cualquier hora del día.
jueves, 4 de enero de 2007
Remisero
Viaje en remís, un R-18, FM folclórica 98 punto no sé cuanto, se escucha a “Los chalchaleros”. De Villa Urquiza a Retiro.
Primera escena.
El coche se detiene en un semáforo. Por la senda peatonal camina una mujer muy linda. El día está caluroso, por lo tanto, tiene la poca ropa necesaria para sentirse cómoda.
Habla el remisero:
- Mirá esta, que hembrón ¿no? Pero fíjate una cosa, mirá como está vestida ¿eh? Después se quejan... Porque esta piba está provocando o ¿no?
Segunda escena.
El tránsito está terrible. El remisero se justifica, impone el itinerario y cuenta por qué motivo haremos ese recorrido.
Habla el remisero:
- Mirá, vamos a agarrar por Libertador porque quería bajar por Corrientes pero me avisaron por la radio que hay tres pelotuditos con bombos cortando la calle a la altura del Abasto.
Tercera escena.
El coche se detiene ante un semáforo en rojo cerca de los bosques de Palermo. Por ley contravencional, trabajan allí por las noches travestis. Unos pibes de 8,9, 10 años se ponen de espalda a los autos. Todos esperan los habituales malabares pero ¡oh, sorpresa!, los niños se dan vuelta en un gesto digno de la Susana de Shok y muestran, mientras se acercan con un paso típico de modelo, dos pechos artificiales armados con las pelotitas que habitualmente usan para mostrar sus habilidades circenses. Uno de ellos, le habla a mi remisero con una voz entre aniñada y femenina: “tiene una monedita, señor”. El señor ni lo mira.
Habla el remisero:
- Viste esto ¿no? Esto pasa porque los pibes miran lo que los trabas hacen acá a la noche. Las cosas que deben ver estos pibes, ¡por Dios!. Además deben decir: “a estos chabones, por vestirse de minas, le dan un fangote de guita, entonces, nosotros hagamos lo mismo”. Pero, así empiezan. Después no los para nadie. En 5, 6, 7 años pasamos y estos pibes están vestidos de minas. Con peluca y todo. Acordate lo que te digo.
Primera escena.
El coche se detiene en un semáforo. Por la senda peatonal camina una mujer muy linda. El día está caluroso, por lo tanto, tiene la poca ropa necesaria para sentirse cómoda.
Habla el remisero:
- Mirá esta, que hembrón ¿no? Pero fíjate una cosa, mirá como está vestida ¿eh? Después se quejan... Porque esta piba está provocando o ¿no?
Segunda escena.
El tránsito está terrible. El remisero se justifica, impone el itinerario y cuenta por qué motivo haremos ese recorrido.
Habla el remisero:
- Mirá, vamos a agarrar por Libertador porque quería bajar por Corrientes pero me avisaron por la radio que hay tres pelotuditos con bombos cortando la calle a la altura del Abasto.
Tercera escena.
El coche se detiene ante un semáforo en rojo cerca de los bosques de Palermo. Por ley contravencional, trabajan allí por las noches travestis. Unos pibes de 8,9, 10 años se ponen de espalda a los autos. Todos esperan los habituales malabares pero ¡oh, sorpresa!, los niños se dan vuelta en un gesto digno de la Susana de Shok y muestran, mientras se acercan con un paso típico de modelo, dos pechos artificiales armados con las pelotitas que habitualmente usan para mostrar sus habilidades circenses. Uno de ellos, le habla a mi remisero con una voz entre aniñada y femenina: “tiene una monedita, señor”. El señor ni lo mira.
Habla el remisero:
- Viste esto ¿no? Esto pasa porque los pibes miran lo que los trabas hacen acá a la noche. Las cosas que deben ver estos pibes, ¡por Dios!. Además deben decir: “a estos chabones, por vestirse de minas, le dan un fangote de guita, entonces, nosotros hagamos lo mismo”. Pero, así empiezan. Después no los para nadie. En 5, 6, 7 años pasamos y estos pibes están vestidos de minas. Con peluca y todo. Acordate lo que te digo.
martes, 2 de enero de 2007
Dos lecturas posibles
1) Qué costaba un: “Mi amor, ¿sos vos?”
2) “¡hay que matarlos a todos!” / “En la dictadura esto no pasaba”
Ergo:
“La madrugada del 29 de diciembre de 2003, César Mario Cristobo estaba durmiendo en su casa junto a uno de sus hijos. Un ruido lo despertó sobresaltado. Salió de la cama rápidamente y vio una sombra en la puerta de la vivienda.Tomó su revólver calibre 22 y disparó. Cuando se acercó al cuerpo que había quedado tirado en el piso, descubrió que había matado a su mujer, Ana María Forzano. El hombre dijo a la Policía que la confundió con un ladrón.
(...)
Según se determinó, Ana María, al no encontrar las llaves quiso entrar a la casa por un ventiluz lateral. Pero su esposo escuchó ruidos extraños y creyó que se trataba de asaltantes: agarró un revolver calibre 22, salió de la casa y realizó un disparo a oscuras. La mujer recibió un balazo en el cuello y murió.”
Fuente: Clarín Digital del 26 de diciembre
2) “¡hay que matarlos a todos!” / “En la dictadura esto no pasaba”
Ergo:
“La madrugada del 29 de diciembre de 2003, César Mario Cristobo estaba durmiendo en su casa junto a uno de sus hijos. Un ruido lo despertó sobresaltado. Salió de la cama rápidamente y vio una sombra en la puerta de la vivienda.Tomó su revólver calibre 22 y disparó. Cuando se acercó al cuerpo que había quedado tirado en el piso, descubrió que había matado a su mujer, Ana María Forzano. El hombre dijo a la Policía que la confundió con un ladrón.
(...)
Según se determinó, Ana María, al no encontrar las llaves quiso entrar a la casa por un ventiluz lateral. Pero su esposo escuchó ruidos extraños y creyó que se trataba de asaltantes: agarró un revolver calibre 22, salió de la casa y realizó un disparo a oscuras. La mujer recibió un balazo en el cuello y murió.”
Fuente: Clarín Digital del 26 de diciembre
domingo, 31 de diciembre de 2006
No somos nada (II)

Según Fundación Alemana de Población Mundial, en algún momento del día de hoy seremos/fuimos/ somos 6.589.115.982
La población mundial crece:
2,6 personas por segundo, es decir, 1.500.000 por semana, es decir, más de 80.000.000 por año.
Los países en desarrollo, adonde gran parte de la población vive en la pobreza, son responsables del 98 % del crecimiento demográfico.
Hasta la actualidad vivieron en el planeta casi 107.000 millones de personas, lo que equivale a que la población actual es de aproximadamente el 6 % de todas las personas que alguna vez nacieron.
La población mundial crece:
2,6 personas por segundo, es decir, 1.500.000 por semana, es decir, más de 80.000.000 por año.
Los países en desarrollo, adonde gran parte de la población vive en la pobreza, son responsables del 98 % del crecimiento demográfico.
Hasta la actualidad vivieron en el planeta casi 107.000 millones de personas, lo que equivale a que la población actual es de aproximadamente el 6 % de todas las personas que alguna vez nacieron.
viernes, 29 de diciembre de 2006
¿Nunca más?
Hoy, más que nunca, suena a plegaria, a suplicio, a consenso circunstancial...
La gente ahora dice "nunca más". Pero antes supo decir que por algo había sido, que ellos no sabían nada, que -como víctimas- quedaron en el medio de dos demonios que se amasijaron a tiros y bombas...
Los modos progres de Montecristo se desilachan en un Lisandro encarcelado (justicia), mientras suena un tango que habla de la locura. ¿Los represores son locos? ¿Son monstruos? ¿Son de otro mundo?
- Sí, sí, sí -gritan las fans de Echarri que triplicaron las consultas a Abuelas- son malos, malos, malos. Sólo un loco puede hacer lo que hizo Lisandro. O ¿no?
Y suspiran aliviadas.
Anteayer, en el mismo momento que unas siete mil personas desaforadas hacían cola para entrar al Luna Park y ver el último capítulo de la novelita, era secuestrado Luis Gerez.
López y Gerez.
La gente ahora dice "nunca más". Pero antes supo decir que por algo había sido, que ellos no sabían nada, que -como víctimas- quedaron en el medio de dos demonios que se amasijaron a tiros y bombas...
Los modos progres de Montecristo se desilachan en un Lisandro encarcelado (justicia), mientras suena un tango que habla de la locura. ¿Los represores son locos? ¿Son monstruos? ¿Son de otro mundo?
- Sí, sí, sí -gritan las fans de Echarri que triplicaron las consultas a Abuelas- son malos, malos, malos. Sólo un loco puede hacer lo que hizo Lisandro. O ¿no?
Y suspiran aliviadas.
Anteayer, en el mismo momento que unas siete mil personas desaforadas hacían cola para entrar al Luna Park y ver el último capítulo de la novelita, era secuestrado Luis Gerez.
López y Gerez.
jueves, 28 de diciembre de 2006
La inocencia del sentido común
El subte se detiene en Dorrego. Sube un hombre ciego con una mujer embarazada que lo toma del brazo. Hace un discurso en donde solicita que lo ayuden, que por ser ciego lo discriminan, que está por tener un hijo, que le den 10 o 5 centavos, que eso le sirve.
Un pibe de unos seis años observa atento la situación. Está sentado en la butaca de a tres, entre dos viejos que leen La Razón. Su padre, parado frente a él, cuelga de las manijas.
- ¿Pa’?
(...)
- ¡¿Pa’?!
- Sí...
- Viste que hay chicos chiquitos que piden en la calle y después, y después, y después...
(El padre asiente con la cabeza, le da ánimo con los gestos de la cara para que termine la frase, se siente orgulloso por las palabras que dirá su hijo).
- Y después, los grandes le roban la plata. ¿Viste, pa’ que es así?
- Sí hijito, es así.
- Y por qué le roban.
- Porque se aprovechan de los chicos.
- Ah...
Padre e hijo bajan de la mano en Carlos Gardel. El shopping los espera.
Un pibe de unos seis años observa atento la situación. Está sentado en la butaca de a tres, entre dos viejos que leen La Razón. Su padre, parado frente a él, cuelga de las manijas.
- ¿Pa’?
(...)
- ¡¿Pa’?!
- Sí...
- Viste que hay chicos chiquitos que piden en la calle y después, y después, y después...
(El padre asiente con la cabeza, le da ánimo con los gestos de la cara para que termine la frase, se siente orgulloso por las palabras que dirá su hijo).
- Y después, los grandes le roban la plata. ¿Viste, pa’ que es así?
- Sí hijito, es así.
- Y por qué le roban.
- Porque se aprovechan de los chicos.
- Ah...
Padre e hijo bajan de la mano en Carlos Gardel. El shopping los espera.
miércoles, 27 de diciembre de 2006
Pisen tranquilos, nomás
Se calcula que la población mundial de hormigas –unas 9500 especies conocidas aunque se cree que en verdad son 19 mil– es de 100 mil millones, y que si se las pesara a todas en una imaginaria superbalanza planetaria su peso en conjunto sería aproximadamente igual al de todos los seres humanos juntos.
Fuente: Suplemento Futuro de Página/12 del 23 de diciembre de 2006
Fuente: Suplemento Futuro de Página/12 del 23 de diciembre de 2006
martes, 26 de diciembre de 2006
Indignación navideña
Estación de Barrancas de Belgrano, andén con destino a Tigre, lunes 25, 10:30 AM, dos señoras bien del barrio hablan muy acaloradas.
- Pero viste cómo son, ¿no? No tienen para comer, pero sí para la pirotecnia.
- Sí, los vi, ni me hables. Me indignan esas cosas. Además se ponían en el medio de la calle, como si fuera de ellos.
- Y bue...
(silencio)
- Y ustedes cómo la pasaron.
- Pero viste cómo son, ¿no? No tienen para comer, pero sí para la pirotecnia.
- Sí, los vi, ni me hables. Me indignan esas cosas. Además se ponían en el medio de la calle, como si fuera de ellos.
- Y bue...
(silencio)
- Y ustedes cómo la pasaron.
viernes, 22 de diciembre de 2006
Cotidianeidad muda
Calle Rodríguez Peña (entre Sarmiento y Perón). Una madre, joven ella, sostiene a su bebé, varoncito de unos 2 o 3 meses, con los ojos bien abiertos. Está parada en la calle, bajo los rayos del sol, esperando un taxi. En sus piernas se apoya el cochecito.
Pasa un muchacho, es coetáneo a la mujer. Se detiene frente a madre e hijo. Es la primera vez que se ven en la vida. Establece un contacto visual sostenido con el niño. Le dice unas palabras y le hace, parece, algunas morisquetas. La madre se ríe. El hombre se retira.
La madre queda sola junto a su hijo como hacía un instante. Continúa sonriendo, mientras extiende su brazo en busca de un coche de alquiler. La calle está vacía. Sus labios se mueven, le habla al bebé, le cuenta algo, o más bien, le explica. Sigue la sonrisa.
El bebé me mira pasar.
Pasa un muchacho, es coetáneo a la mujer. Se detiene frente a madre e hijo. Es la primera vez que se ven en la vida. Establece un contacto visual sostenido con el niño. Le dice unas palabras y le hace, parece, algunas morisquetas. La madre se ríe. El hombre se retira.
La madre queda sola junto a su hijo como hacía un instante. Continúa sonriendo, mientras extiende su brazo en busca de un coche de alquiler. La calle está vacía. Sus labios se mueven, le habla al bebé, le cuenta algo, o más bien, le explica. Sigue la sonrisa.
El bebé me mira pasar.
jueves, 21 de diciembre de 2006
Restos

Córdoba al 1700. Doce y media de la noche. Las luces interiores del Mac Donalds resplandecen a una calle oscura y a unos veinte pibes de entre 15 y 20 años que esperan que algún empleado del mes deje en bolsas negras los sobrantes de los parroquianos globalizados.
La escena transcurre: dejan los residuos, los pibes se acercan y –de a dos o tres– revisan las bolsas hasta dar con su “cena”. No tardan demasiado en encontrar algo. Algunos comparan la suerte de cada uno a la hora de la búsqueda. Se ríen.
Sigo con la mirada a uno. Sus manos revuelven entre papeles y cajitas felices hasta dar con una hamburguesa a medio comer.
(Ahí hay algo, pienso, e imagino la escena previa: el gesto de saciedad de la persona que dejó la hamburguesa a medio comer, el erutito placentero ayudado por la gaseosa, la hamburguesa en el plato ignorada por su comensal, abandonada a la suerte de una bolsa de residuos. El empleado que recoge la bandeja, luego vaciada a un repositorio, en un gesto corporal automático, sin culpa por la situación que verá cuando estén cerrando el local).
La toma con cuidado, la acomoda, la mira, la muerde, le dice algo a un compañero, mastica, camina por Córdoba...
El resto de los chicos realizan las mismas acciones. Uno a uno se van yendo. Las bolsas quedan allí, abiertas, vaciadas de los restos. La vereda también...
Alguna vez, hace unos 10 años, observe una escena similar en un Mac Donalds cercano a Plaza San Martín. La diferencia era que los que esperaban eran mujeres con sus hijos pequeños.
(Ahora pienso que tal vez pueden ser los mismos pibes de la calle Córdoba. Un modo de la condena: ir a esperar la basura de Mac D. desde niños hasta la adultez pasando por la adolescencia).
Me acuerdo que esa vez me acerque a un empleado feliz para preguntarle por qué viendo a la gente esperando la basura no se lo daban de otro modo. “No nos dejan darles los restos que sobran en la mano”, fue la respuesta.
La escena transcurre: dejan los residuos, los pibes se acercan y –de a dos o tres– revisan las bolsas hasta dar con su “cena”. No tardan demasiado en encontrar algo. Algunos comparan la suerte de cada uno a la hora de la búsqueda. Se ríen.
Sigo con la mirada a uno. Sus manos revuelven entre papeles y cajitas felices hasta dar con una hamburguesa a medio comer.
(Ahí hay algo, pienso, e imagino la escena previa: el gesto de saciedad de la persona que dejó la hamburguesa a medio comer, el erutito placentero ayudado por la gaseosa, la hamburguesa en el plato ignorada por su comensal, abandonada a la suerte de una bolsa de residuos. El empleado que recoge la bandeja, luego vaciada a un repositorio, en un gesto corporal automático, sin culpa por la situación que verá cuando estén cerrando el local).
La toma con cuidado, la acomoda, la mira, la muerde, le dice algo a un compañero, mastica, camina por Córdoba...
El resto de los chicos realizan las mismas acciones. Uno a uno se van yendo. Las bolsas quedan allí, abiertas, vaciadas de los restos. La vereda también...
Alguna vez, hace unos 10 años, observe una escena similar en un Mac Donalds cercano a Plaza San Martín. La diferencia era que los que esperaban eran mujeres con sus hijos pequeños.
(Ahora pienso que tal vez pueden ser los mismos pibes de la calle Córdoba. Un modo de la condena: ir a esperar la basura de Mac D. desde niños hasta la adultez pasando por la adolescencia).
Me acuerdo que esa vez me acerque a un empleado feliz para preguntarle por qué viendo a la gente esperando la basura no se lo daban de otro modo. “No nos dejan darles los restos que sobran en la mano”, fue la respuesta.
miércoles, 20 de diciembre de 2006
martes, 19 de diciembre de 2006
No somos nada
A mediados de 2007, dicen, habrán 100 millones de blogs.
Si este que están leyendo en este preciso momento persiste, representará el 0,000001 % del total.
Si este que están leyendo en este preciso momento persiste, representará el 0,000001 % del total.
lunes, 18 de diciembre de 2006
Sin escalas (de Monte Chingolo a Río Cuarto)
Dos hombres en un vagón de la línea B. Ambos con sendos trajes de ejecutivos, parados, aferrados a las manijitas de plástico. Uno: cincuenta y tantos, bigote, canoso, con voz firme, convencido. El otro: de película, casi un estereotipo, casi cincuenta, bigote militaroide, anteojos negros estilo servicio de inteligencia.
A continuación, el diálogo, de corrido, así como lo leen:
- El otro día paso por el Coto de Belgrano y veo una pintada que dice: “Homenaje a los héroes de Monte Chingolo”... Yo no entiendo nada... ¡no entiendo nada! A los jóvenes le vendieron la historia cambiada, les venden una parte de la historia. Porque cuando sucedió eso, Isabelita firmó ese decreto donde decía que había que aniquilar a la subversión. Era clarísimo: aniquilar a la subversión. Y sí, qué querían que haga, no había orden, todo era una anarquía. Lo que hicieron después es discutible, la verdad que no sé si se les fue la mano o no, pero es discutible.
- Igual, lo que pasó después habría que verlo desde una perspectiva histórica. Pero es lo que vos decís: a los pibes de hoy les venden una sola campana.
- Ahora no se respeta ningún derecho, no hay parámetros ciudadanos, no hay instituciones fuertes. Si me apuras un poco te digo que estamos como en esa época, antes del golpe. Nadie respeta nada, las leyes están de adorno. Cualquiera hace lo que quiere... no se puede tener un auto cero kilómetro porque le estás diciendo a los chorros: “vení, afaname, ¿no ves el auto que tengo?”. Ni los vidrios polarizados te dejan tener. Te ponen multa...¡multa! ¿podés entender eso?
- Así estamos... así está este país.
- Y ahora Blumberg que denunció no sé que movida de la provincia de Buenos Aires. Está deschavando a unos cuantos, lo bien que hace.
- Sí, Solá salió al cruce. Pero hace bien Blumberg, alguien lo tiene que hacer. Es lo mismo que pasa en Río Cuarto. Ahí hay algo groso, mucha guita, políticos de por medio. Algo de las obras sociales, acordate lo que te digo.
A continuación, el diálogo, de corrido, así como lo leen:
- El otro día paso por el Coto de Belgrano y veo una pintada que dice: “Homenaje a los héroes de Monte Chingolo”... Yo no entiendo nada... ¡no entiendo nada! A los jóvenes le vendieron la historia cambiada, les venden una parte de la historia. Porque cuando sucedió eso, Isabelita firmó ese decreto donde decía que había que aniquilar a la subversión. Era clarísimo: aniquilar a la subversión. Y sí, qué querían que haga, no había orden, todo era una anarquía. Lo que hicieron después es discutible, la verdad que no sé si se les fue la mano o no, pero es discutible.
- Igual, lo que pasó después habría que verlo desde una perspectiva histórica. Pero es lo que vos decís: a los pibes de hoy les venden una sola campana.
- Ahora no se respeta ningún derecho, no hay parámetros ciudadanos, no hay instituciones fuertes. Si me apuras un poco te digo que estamos como en esa época, antes del golpe. Nadie respeta nada, las leyes están de adorno. Cualquiera hace lo que quiere... no se puede tener un auto cero kilómetro porque le estás diciendo a los chorros: “vení, afaname, ¿no ves el auto que tengo?”. Ni los vidrios polarizados te dejan tener. Te ponen multa...¡multa! ¿podés entender eso?
- Así estamos... así está este país.
- Y ahora Blumberg que denunció no sé que movida de la provincia de Buenos Aires. Está deschavando a unos cuantos, lo bien que hace.
- Sí, Solá salió al cruce. Pero hace bien Blumberg, alguien lo tiene que hacer. Es lo mismo que pasa en Río Cuarto. Ahí hay algo groso, mucha guita, políticos de por medio. Algo de las obras sociales, acordate lo que te digo.
sábado, 16 de diciembre de 2006
Pinochet II
Un nieto, el de él, lo reivindica, lo llama salvador, sin él la patria habría caído en las garras marxistas.
El otro, el del asesinado General Prats, escupe el cajón vidriado.
Allí está él: vestido de militar, casi verde, como un sapo a punto de estallar, muerto.
El otro, el del asesinado General Prats, escupe el cajón vidriado.
Allí está él: vestido de militar, casi verde, como un sapo a punto de estallar, muerto.
viernes, 15 de diciembre de 2006
zzzzzzzzzz!
Internet no es sólo...
mujeres en bolas,
“bajar” música,
chatear con minitas,
armar gruposyahoo.com.ar
leer (por arriba, siempre por arriba) las noticias del fútbol del domingo
Cuesta identificar a internet como algo más que un lugar para entretenerse.
Espero sepan entender barbáricos dormilones que también hay otras cosas...
Para entender a youtube hay que haber leído el Quijote.
Tiré el sayo a ver quién se lo pone.
mujeres en bolas,
“bajar” música,
chatear con minitas,
armar gruposyahoo.com.ar
leer (por arriba, siempre por arriba) las noticias del fútbol del domingo
Cuesta identificar a internet como algo más que un lugar para entretenerse.
Espero sepan entender barbáricos dormilones que también hay otras cosas...
Para entender a youtube hay que haber leído el Quijote.
Tiré el sayo a ver quién se lo pone.
jueves, 14 de diciembre de 2006
Postales
I.
San Jorge es un pueblo de Santa Fe que posee la única fabrica de bolitas de vidrio del país (y creen de Sudamérica). En un día puede llegar a producir 400 mil. El negocio (?) es que venden 100 canicas a $ 1,21 (IVA incluido).
II.
¿Existen monumentos del Che Guevara en Argentina que no sean los que están (si es que hay) en Rosario y Alta Gracia? En una plaza de Chilecito (La Rioja) hay un cheguevara de algún material noble que abraza a un niño mientras mira el horizonte.
III.
En Santiago del Estero, existe un pueblo que se llama Ahí veremos.
Conversación apócrifa sobre el origen del nombre:
- Che y cómo le ponemos al lugar cuando lleguemos.
- Y... no sé...no se me ocurre nada. Déjame pensar un rato.
- Y sí, es difícil bautizar un lugar, es una marca que queda para siempre. Es como cuando le pones el nombre a tu hijo. Lo estás condenando de por vida a que lo llamen de ese modo.
- Bueno, no nos apresuremos, tenemos todo el viaje para pensar. Ahí veremos.
Y ahí vieron.
San Jorge es un pueblo de Santa Fe que posee la única fabrica de bolitas de vidrio del país (y creen de Sudamérica). En un día puede llegar a producir 400 mil. El negocio (?) es que venden 100 canicas a $ 1,21 (IVA incluido).
II.
¿Existen monumentos del Che Guevara en Argentina que no sean los que están (si es que hay) en Rosario y Alta Gracia? En una plaza de Chilecito (La Rioja) hay un cheguevara de algún material noble que abraza a un niño mientras mira el horizonte.
III.
En Santiago del Estero, existe un pueblo que se llama Ahí veremos.
Conversación apócrifa sobre el origen del nombre:
- Che y cómo le ponemos al lugar cuando lleguemos.
- Y... no sé...no se me ocurre nada. Déjame pensar un rato.
- Y sí, es difícil bautizar un lugar, es una marca que queda para siempre. Es como cuando le pones el nombre a tu hijo. Lo estás condenando de por vida a que lo llamen de ese modo.
- Bueno, no nos apresuremos, tenemos todo el viaje para pensar. Ahí veremos.
Y ahí vieron.
miércoles, 13 de diciembre de 2006
Instant-taneas
Instantáneas de la calle
veo una separación, un choque
un estallido, una universidad,
viven haciendo las paces
hay un chico que se escapa
un toro, una señora,
un cielo, un capitán
y yo sigo con vos,
sabés se hace difícil seguir anclado
aquí sin tu amor sin tu amor...
Instantáneas de la calle
hay dos tipos en la esquina
uno hace una seña,
el otro que se va
hace frío en Buenos Aires
música en los automóviles
caen del walkman gotas de humedad
y yo sigo con vos,
sabés se hace difícil seguir anclado
aquí sin tu amor sin tu amor...
Ya sé, siempre soy yo
andar siempre buscando y
siempre volviendo a tu corazón
a tu pobre corazón...
Fito Páez
veo una separación, un choque
un estallido, una universidad,
viven haciendo las paces
hay un chico que se escapa
un toro, una señora,
un cielo, un capitán
y yo sigo con vos,
sabés se hace difícil seguir anclado
aquí sin tu amor sin tu amor...
Instantáneas de la calle
hay dos tipos en la esquina
uno hace una seña,
el otro que se va
hace frío en Buenos Aires
música en los automóviles
caen del walkman gotas de humedad
y yo sigo con vos,
sabés se hace difícil seguir anclado
aquí sin tu amor sin tu amor...
Ya sé, siempre soy yo
andar siempre buscando y
siempre volviendo a tu corazón
a tu pobre corazón...
Fito Páez
martes, 12 de diciembre de 2006
Pinochet

Jacqueline besa la frente de su hijo. Sus ojos tienen señales de llanto, todavía unas lágrimas le bordean las pupilas. Su rostro triste es fino, delicado. ¿En qué piensa? ¿En las cosquillas que le hacía su padre cuando ella era apenas una niña? ¿En las caminatas junto a él hablando de consejos, de pasos a seguir, del futuro feliz?
Con su mano izquierda cobija la cabeza del niño, sus uñas están cuidadas y un anillo decora su dedo anular. El niño es el nieto, tendrá unos 10 años. Y llora, su cara está acongojada. Su boca es la tristeza en forma de puchero. ¿Qué pensará cuando ve en la tele que muchas personas salen a festejar la muerte de su abuelo?
3.500 desaparecidos y ejecutados
30 mil exiliados
200 mil en las cárceles secretas
“No se mueve ni una sola hoja en este país si no la estoy moviendo yo, que quede claro”, dijo en octubre de 1981.
“Las investigaciones sobre Pinochet se cerrarán y él será sobreseído por muerte”.
Con su mano izquierda cobija la cabeza del niño, sus uñas están cuidadas y un anillo decora su dedo anular. El niño es el nieto, tendrá unos 10 años. Y llora, su cara está acongojada. Su boca es la tristeza en forma de puchero. ¿Qué pensará cuando ve en la tele que muchas personas salen a festejar la muerte de su abuelo?
3.500 desaparecidos y ejecutados
30 mil exiliados
200 mil en las cárceles secretas
“No se mueve ni una sola hoja en este país si no la estoy moviendo yo, que quede claro”, dijo en octubre de 1981.
“Las investigaciones sobre Pinochet se cerrarán y él será sobreseído por muerte”.
Jóvenes chilenos extiende su brazo derecho frente al cajón vidriado en señal de devoción fascista.
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