viernes, 9 de agosto de 2013
Bernardo Leonidas Quiros
Me acabo de enterar que encontraron el cuerpo del peón rural desaparecido cerca de Río Senguer. Estuvo extraviado durante 22 días. Se llamaba Bernardo Leonidas Quiros. Googlee su nombre decena de veces desde el momento en que me enteré de la historia. Había salido desde el puesto de la estancia donde trabajaba hasta el de su hermano, junto a su mujer, su hijo de un año y medio, y su perro, un ovejero. Le llevaban un poco de provisiones. En el trayecto, el auto -un renault 19- se frenó por problemas técnicos. Eran las 7 de la tarde del 16 de julio. Bernardo decidió rumbear sus pasos hacia el puesto de su hermano. Desde donde se había detenido el auto hasta la estancia podía cortar camino a campo traviesa. La temperatura era bajo cero y estaba pronosticada una fuerte nevada. Lo acompañó su perro. La mujer quedó en el auto con el bebé. A medida que pasaban las horas, la mujer -Alejandra, se llama- comenzó a preocuparse y decidió salir a la ruta para buscar señal en el celular y así comunicarse con alguien que vaya a rescatarlos. Caminó unos kilómetros con el bebé en brazo hasta que su teléfono se activó y pudo dar con una persona. La noche ya estaba muy cerrada y la nieve era intensa. La persona que fue a rescatarla llegó a las 3 de la mañana. Alejandra pidió ir a lo de su cuñado, donde supuestamente estaba su marido. Pero cuando llegaron se encontraron con la sorpresa que Bernardo no había llegado nunca. Desde ese momento comenzó la búsqueda. Decenas de efectivos de distintas fuerzas de seguridad y pobladores de la zona se abocaron al rastreo del peón desaparecido. Hasta un helicóptero sobrevoló el lugar. Pero nada, ni un solo rastro de él ni del perro. Luego de unos días se suspendió la búsqueda. La nieve y el frío entorpecían el procedimiento. Cuando retomaron las acciones, encontraron algo que cambió el curso de la investigación: unas huellas que llegaban a unos 1000 metros del puesto del hermano de Bernardo pero que luego, sorpresivamente, regresaban a la ruta nacional 40. A partir de ese momento, el misterio se hizo presente en el caso y las novedades cesaron en los medios de comunicación. Después de una semana de no encontrar ninguna otra noticia en los portales de la provincia, decidí llamar a la fiscalía de Sarmiento. Hablé con una persona que me confirmó lo siguiente: la aparición de las huellas que regresaban hacia la ruta presentaba como principal hipótesis que Bernardo se había ido de la zona en un auto o camión que justo pasó en ese momento. Ese dato también estaba avalado por algunos comentarios que él había hecho a su mujer unos días antes. ¿De qué o de quién escapaba Bernardo? Esa pregunta me llevó a imaginarme en un posible viaje al sudoeste de mi provincia, cual Truman Capote, para investigar y escribir un policial rural y negro. Suponía que esa huida explicaba algo más que una reacción individual de un tipo que caminaba de noche junto a su perro bajo una potente nevada en el medio de la estepa chubutense. Pero no, no era así. Recién leí la noticia donde cuenta que lo hallaron muerto debajo de una mata de calafate. Murió de frío. Lo encontraron unos baqueanos que fueron alertados por los ladridos de un perro. Sí, el ovejero se quedó junto a él estos 22 días. En fin, un triste final. En el recuerdo quedarán mis noches buscando en el mapa satelital de Chubut las estancias de la zona y la supuesta ruta de escape de Bernardo. O las preguntas que me anotaba en un cuadernito y que me parecían necesarias para atar cabos sueltos. Me imagine un libro, pero la muerte hizo que sea una pasajera crónica en este blog.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Reflexiones sobre el cacerolazo
jueves, 27 de octubre de 2011
Hace un año

Ese día me despertó un "no" angustiado, sostenido e incredulo de mi mujer. Estaba hablando por teléfono con alguien. Inmediatamente balbuceé un "¿qué pasó?". Una vez, dos veces. La tercera fue un grito. Se asomó por la puerta de la habitación y agarrándose la cabeza me dijo: "Murió Kirchner". Como un automata, manoteé el control remoto y busqué la confirmación televisada. Ahí estaba, en cada uno de los canales de noticias. Me quede horas frente al televisor y tirado en la cama. Petrificado. Sin reacción. Incubando la tristeza.
A las 8 estaba convocada una concentración en plaza de Mayo. Con Cecilia decidimos ir. Faltaban 37 días para que naciera Vicky. (Algún día le contaremos que de alguna manera estuvo ahí). En la plaza nos encontramos con mucha gente, todos consternados, entre temerosos por lo que iba a venir y shockeados por la noticia. Los más viejos lloraban. Los más jóvenes puteaban. Las dos frases que más escuché fueron "qué mala suerte" y "este tipo me cambió la vida". Se cantaba mucho "Andate Cobos, la puta que te parió". Hasta que me di cuenta de eso, para mí era "Aguanten todos, la puta que los parió". No estaba mal para ese momento el "aguanten todos". Después volvimos a casa, miramos 678 y nos fuimos a dormir. Tristes.
Al día siguiente me tocaba declarar en un juicio laboral. En el trayecto de mi casa al juzgado lloré por primera vez. Y no fue un llanto cualquiera, fue el primero que me causó un político argentino. Y eso no es poca cosa para alguien que, 10 años atrás, había cantado a rabiar el "que se vayan todos". Después de declarar, escuché detrás mío y desde el banquillo de testigo, como los abogados de ambas partes decían que Kirchner se había muerto porque estaba enfermo de poder. A tres cuadras de ahí, en la plaza, se empezaba a formar una fila para despedir los restos.
Ese día trabajé, escribí un texto sobre él y me fui a la plaza. Hice la cola con mi hermana y su novio durante unas 4 horas. Entramos a la Casa Rosada a las 2 de la mañana. El paso frente al féretro fue un momento breve, casi imperceptible. Pero intenso.
El viernes llovió. Me acuerdo que caminé desde el subte al trabajo. Fue la ciudad más triste que vi desde que vivo en Buenos Aires. Sobre Alem se estaba juntando gente para ver pasar el cortejo fúnebre. Luego, seguí todo desde el televisor de la redacción. Era todo muy triste.
Los días que siguieron no me los acuerdo. Pero los que van del 27 al 29 de octubre quedarán marcados a fuego en mi historia personal. Como quedaran marcados en la vida de muchas personas y en la Historia de nuestro país.
Todavía hoy, a veces, me pregunto cómo fue posible llorar por él, cuando lo hago por tan pocas cosas. Por casi nada, diría. Entonces, por qué. Ahora se me ocurre decir que las lágrimas fueron una muestra de un profundo agradecimiento. De qué. La lista sería larga. Elijo un motivo.
Gracias Néstor por rescatarme del cinismo de los que no creen en la política del Estado.
Gracias, en serio.
miércoles, 26 de octubre de 2011
lunes, 24 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
100 libros
Esa es la cantidad de libros que leí entre el 1º de enero de 2009 hasta el 20 de octubre de 2011. Cien libros en 1023 días. Un libro cada diez días, más o menos.
El listado a continuación:
2009
1) La historia de la clase media, de Ezequiel Adamovsky
2) La cisura de Rolando, de Gabriel Bañez
3) Una excursión a los indios Ranqueles, de Lucio V. Mansilla
4) Alta rotación, de Laura Meradi
5) Keres coger = guan tu fak, de Alejandro López
6) Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski
7) Zombar, de Guilherme Zarvos
8) Corazón tan blanco, de Javier Marías
9) Pudor, de Santiago Roncagliolo
10) Forastero, de Jorge Accame
11) Falsa calma, de María Sonia Cristoff
12) El hombre del camión, de Emilia Delfino y Mariano Martin
13) El campito, de Juan Diego Incardona
14) El colectivo, de Eugenia Almeida
15) Lo que nosotras sabíamos, de María Inés Kreimer
16) Los días que vivimos en peligro, varios autores (cuentos)
17) Un grito de corazón; varios autores (cuentos)
18) Perder, de Raquel Robles
19) De A para X, de John Berger
20) La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa
21) Guardia blanca, de Andrés Rivera
22) Infierno grande, de Guillermo Martínez
23) Crímenes imperceptibles, de Guillermo Martínez
24) Cuatrocasas, de Eduardo Mignona
25) La última moneda, de Rosario Brigevich
26) Oxidación, de Aníbal Ford
27) En el país del viento, de Roberto Arlt
28) Agosto, de Romina Paula
29) Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac
30) El núcleo del disturbio, de Samanta Schweblin
31) Memorias de un carrero patagónico, de Asencio Abeijón
32) El otro lado, de Jorge Consiglio
33) Memorias del calabozo, de Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro
34) Caso Satanowsky, de Rodolfo Walsh
35) Timote, de José Pablo Feinmann
36) El arte de viajar en taxi, de Horacio González
37) Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued
38) ¿Vos me querés a mí?, de Romina Paula
39) El sueño del señor juez, de Carlos Gamerro
40) El Dock, de Matilde Sánchez
41) El deportista científico, de Martín de Ambrosio
2010
42) Lanús, de Sergio Olguín
43) Pájaros en la boca, de Samanta Schweblin
44) Chicas caras, de Teresita Ferrari
45) Los hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson
46) Cantares del alma, de Guillermo Pellegrino
47) Tres rosas amarillas, de Raymond Carver
48) La señorita Porcel, de Esther Cross
49) La quinta mujer, de Henning Mankell
50) Los imprudentes, de Josefina Licitra
51) El gallo blanco, de Héctor Tizón
52) Variaciones en rojo, de Rodolfo Walsh
53) Oscura monótona sangre, de Sergio Olguín
54) El guardián en el centeno, de J.D. Salinger
55) Las luces no alcanzaron, de Alberto Trotta
56) Piquito de oro, de Gustavo Ferreyra
57) Cuentos completos, de Haroldo Conti
58) El oficinista, de Guillermo Saccomano
59) Noticias de los montoneros, de Gabriela Esquivada
60) Cuentas pendientes, de Martín Kohan
61) Si me querés, quereme transa, de Cristian Alarcón
62) La logia de Cádiz, de Jorge Fernández Díaz
63) Tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa
64) El informe, de Martín Kohan
65) Blanco nocturno, de Ricardo Piglia
66) Dame pelota, de Dalia Rosetti
67) Galimberti, de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero
68) La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson
69) El profesor, de Frank Court
70) El loco Dorrego, de Hernán Brienza
71) La pieza del fondo, de Eugenia Almeida
72) Putas asesinas, de Roberto Bolaño
73) Túneles de Buenos Aires, de Daniel Schavelzon
74) Te pido un taxi, de Mercedes Halfon y Fernanda Nicolini
2011
75) Los reventados, de Jorge Asís
76) El río sin orillas, Juan José Saer
77) La otra playa, de Gustavo Nielsen
78) Inglaterra, una fábula, de Leopoldo Brizuela
79) Rock barrial, de Juan Diego Incardona
80) La Tierra del Fuego, de Sylvia Iparraguirre
81) La montaña mágica, de Thomas Mann
82) El flaco, de José Pablo Feinmann
83) Combi; Angela Pradelli
84) Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa
85) La astucia y el cálculo, Néstor Kirchner (2003-2010), de Beatriz Sarlo
86) Soy un bravo piloto de la nueva China, de Ernesto Semán
87) Manual de zonceras y otras yerbas, de Aníbal Fernández
88) La orfandad, de Sylvia Iparraguirre
89) Un yuppie en la columna del Che Guevara, de Carlos Gamerro
90) Negro contra blanco, de Gerardo Young
91) La presidenta; Sandra Russo
92) Redacciones perdidas, de Claudio Zeiger
93) Betibú, de Claudia Piñeiro
94) Kirchnerismo: una controversia cultural, de Horacio González
95) Magic resort, de Florencia Abbate
96) Argentinismos, de Martín Caparrós
97) Guillote, de Guillermo Cóppola
98) Kryptonita; Leonardo Oyola
99) Darwin en Tierra del Fuego, de Anne Chapman
100) Las vidas del General, Tomás Eloy Martínez
lunes, 17 de octubre de 2011
Las patas en la fuente (dos versiones de la Historia)

martes, 26 de julio de 2011
Eva y Vicky
viernes, 15 de julio de 2011
Sobre vómitos e intolerantes

En twitter y facebook uno se encuentra con un montón de gente. Por suerte, con un montón de gente que piensa distinto a uno. Y eso está buenísimo. Lo que más valoro de estos espacios es la posibilidad de opinar y discutir. Uno escribe algo haciéndose cargo de su posición y tiene la obligación de aguantarse lo que va a venir. Aguantarse la opinión del otro es antes que nada respetarla. Luego, sí, discutirla pero siempre con respeto. Al margen de algún desliz (alguno mío debe haber por ahí) siempre intento hacerlo de esa manera. Hoy viví por estos lares virtuales una experiencia que merece conocerse. Guardare la identidad de el o la involucrado/a. No me interesa tanto la persona, sino más bien el síntoma que representa: el de la intolerancia de los que aseguran que los que apoyamos al gobierno nacional somos ultras e intolerantes ante las ideas de los que no comulgan con las nuestras.
La historia fue así. En principio hubo un intercambio por facebook. En ese intercambio intente discutir pero la otra parte sólo atinó a una risa: un largo ja. Como la persona tiene twitter, le dije que iba a seguirla por ahí porque me interesaba su buen sentido del humor y sus ideas. Así lo hice. Linda sorpresa me encontré a los pocos minutos (en la imagen adjunta pueden leerlo). Qué se yo. Ustedes dirán. A mi me da pena no poder discutir con las personas que no piensan igual a mí.
Me sorprende que asocie la posibilidad de discutir con la sensibilidad. Me cuesta entender eso. No entiendo que conexión mental debe hacerse para asociar una discusión sobre un tema de actualidad con la sensibilidad. Supongo que ante la imposibilidad de argumentar se acude a adjudicarle al otro (o sea yo) algún tipo de problema psicológico con el resto de las personas que no piensan como uno. Lo de decir lo que quiera en twitter es cierto. Uno puede decir lo que quiera. De hecho el o la susodicho/a lo hizo hasta llegar al agravio. Uno decide qué estilo tiene. El mío no es ese. Y no lo es porque intento ser inteligente y racional. Y desde esa base apoyo al gobierno de Cristina.
lunes, 9 de mayo de 2011
Lanata, Andy y la política
Muy comentada, debatida y escuchada fue la conversación que mantuvieron en la radio Andy K y Lanata. Bien merecido fue que sea así. A cada oyente le habrá pegado por distintos lados las palabras de cada uno de ellos. A mí me despertó las opiniones que leerán a continuación.
1) Sobre Andy K
Andy K era un chico CQC. Gran parte de mi generación lo vio en los noventa como el notero transgresor que se mofaba, por igual, de políticos y famosos. Era divertido, rápido, inteligente. Gracias a sus preguntas picantes y a la edición del programa quedaba parado como el paladín justiciero que al mismo tiempo nos entretenía. En CQC se sintetizaba la sensanción adolescente que teníamos muchos por ese entonces sobre la política. “La política era sucia” y “los políticos eran todos unos chorros” eran dos de las frases que, de alguna manera, definían al programa en sus primeros años. Desde el show televisivo fueron cómplice de la denostación de la política desde el lado más fácil (la corrupción), mientras el país se caía a pedazos por las politicas económicas impuestas durante el menemismo. Por eso no es errado afirmar que CQC tuvo más que ver con Tinelli que lo que Pergolini cree. ¿Andy K pensará sobre eso? No lo sé. Lo que sí se es que en la conversación del otro día me sorprendió. Y no por sus argumentos ni sus posiciones frente al kirchnerismo, sino más bien porque en los balbuceos de sus palabras concebía a la política desde un lugar absolutamente diferente a la de aquel chico CQC. A pesar de pertenecer a una generación que llegó tarde a la primavera alfonsinista y muy temprano al desasosiego menemista, se podría decir que en sus palabras se vislumbraba cierta fe en la política de los políticos. En fin, Andy K cree.
2) Sobre Jorge L
“¡No les creo!”, repitió un par de veces casi en tono de grito. Y en esas tres palabras se resume a la perfección el sustrato ideológico con el que Lanata mira y analiza este momento histórico de nuestro país. Uno tiene todo el derecho del mundo de no creer. De lo que no tiene derecho es de juzgar a los que sí creen. Y mucho menos de hacerlo poniendo bajo sospecha el verdadero interés de los que creen. “Son chorros” (por 678), “fueron cooptados con plata” (por los organismos de derechos humanos), “tiene un problema psicológico con Clarín” (por Víctor Hugo) son sus argumentos para denostar a los que creen y, al mismo tiempo, para ubicarse en el lugar impoluto del periodista que no transa y que dice la verdad. Pero los tiempos que corren no le permiten demasiado sostener el personaje y no le queda otra que mancharse un poquito. Y dice: "El hecho de que los tipos (por Clarín) sean unos hijos de puta no quiere decir que yo no salga a defenderlos". Hay que tener ganas de ensuciarse con Magnetto, Noble y compañía, eh. Pero bueno, él elige eso y está perfecto. Muchos analizan preocupados el supuesto cambio de Lanata. “El Lanata de los 90 era mejor que éste”, dicen. Para mí no es así. Cambió más el clima de época que Lanata. Y Lanata quedó en off-side, pensando que todavía se puede analizar la política argentina con frases histriónicas y fáciles, o gritando a los cuatro vientos sobre la corrupción de este gobierno. “Están afanando como nunca se afanó en Argentina”, dice, y suena más a una vieja gorda de Recoleta que al periodista que fundó Página/12 y fundió Crítica. En fin Jorge L no cree.
3) Sobre la política
¿Por qué mucha gente le creyó a Kirchner? No voy a responder esta pregunta acá, daría para mucho más que una nota de facebook. Pero sí puedo decir que en esa creencia se recuperó mucho más que la confianza en UN político. Más bien se recuperó la confianza del ejercicio de la política desde el lugar del Estado. Con errores, con aciertos, con contradicciones y debilidades, con impresentables y con personas muy valiosas, la política se comenzó a enaltecer en el fragor de las discusiones más importantes que tuvo este país desde hacia muchísimo tiempo. Y todo eso sucedió por iniciativa o participación del Estado administrado por los Kirchner. En ese proceso muchos adherimos a este gobierno. Es decir comenzamos a creer en este gobierno. Desde entonces argumentamos y miramos la política desde esa creencia. ¿Qué hacen los que no creen con los que sí creen? Algunos respetan; otros miran socarrones y te dice "ya te vas a dar cuenta"; otros te tiran por la cabeza conspiraciones palaciegas difíciles de comprobar; están los que pretenden anular un complejo y entreverado proceso político con las alianzas nefastas del gobierno nacional; y nunca faltan los que apelan a la inefable corrupción para hacerte entender que no se puede apoyar a un gobierno que roba y que hace todo lo que hace porque es una mafia que sólo pelea con Clarín por sus negocios. El gobierno activa los juicios a los genocidas. Es porque hace marketing de izquierda y roba por derecha. El gobierno impulsa la ley de medios. Es porque está en guerra con Magnetto. El gobierno estatiza los fondos jubilatorios. Es porque necesita caja. Los incrédulos no pueden articular una creencia política porque la conspiración es su ley primera. Conciben la política como ese lugar donde se hacen negocios privados, donde el gobierno es una especie de mafia que sólo recauda y aprieta para concretar sus espurios propósitos. No toleran reconocer una política de Estado en favor de los que menos tienen, y por eso buscan explicarla exclusivamente desde esos principios. Reducir estos últimos 8 años con esos argumentos es no querer asumir un pensamiento más profundo sobre lo que sucedió, sucede y sucederá en este proceso político. La incredulidad le queda bien a la filosofía, no a la política. Está bien, cada uno lo hace como quiere. Yo argumento desde una creencia que no me impide asumir las contradicciones más intrincadas de este gobierno. La creencia de los que no creen se materializa en una formulita que les sale de memoria: los K hacen tal cosa porque les conviene a ellos y solo a ellos. Y ahí se termina todo. Así de fácil. Y está bien, están en su derecho de discutir y analizar la política actual desde ese lugar prístino e inmaculado. Pero que quede bien claro: los incrédulos la tienen mucho más cómoda que los que creemos.
Por eso a Lanata no le cuesta nada tirar una frase como esta: “¿Por qué tengo que elegir entre el bagarto y el bagallo? Yo quiero salir con la mina que me gusta a mí”. Facilísimo, así cualquiera. Pero la política es otra cosa más complicada. Es, como lo definió Aníbal Fernández, un lugar donde se chupan kilómetros de pija. Es, como le dijo Néstor a Feinmann (el bueno), algo que los progres no puede entender (¡Oh, qué horror! cómo vamos a entender que el poder se construye transando con un puntero de Patti / Lean "El flaco", ahí está esa anécdota imprescindible para entender toda la historia del poder en Argentina). Es, como le dijo Morpheo a Neo, “Bienvenido al desierto de lo real”. Muchos elegimos meternos en el desierto, incinerarnos la cabeza de preguntas, dudas y contradicciones, y asumir la realidad que nos tocó en nuestro tiempo. Otros merodean el páramo esperando que resuciten San Martín, el Che Guevara y Mariano Moreno para comenzar a creer. Qué se yo, son elecciones.
lunes, 8 de marzo de 2010
Campanella
Hace unos meses estaba haciendo la cola en la boletería del Gaumont. De repente, mientras esperaba la cansina atención del boletero, apareció Campanella. Estaba apurado y con la mirada buscaba a alguien. Ese día era la avant premier de “El secreto de sus ojos”, y parecía que el director estaba llegando tarde. En un momento el tipo se acercó a la boletería y mantuvo esta conversación con el empleado del cine.
-¿En la sala 1 están dando “El secreto de sus ojos”?
El boletero, sin prestarle demasiada atención, le dijo que sí con la cabeza. Campanella continúo con la explicación. El tono fue amable, humilde y sencillo.
-Miré, yo soy el director de la película y me gustaría entrar para ver la reacción de la gente. ¿Podría pasar?
El boletero quedó absolutamente desorientado e incredulo ante lo que estaba escuchando. Obviamente no lo conocía. Sólo atinó a decir que no lo comprometiera y que le preguntara a aquel hombre de traje que se encargaba de supervisar la entrada y salida de los espectadores.
-Muy amable -dijo el director y fue en busca de ese hombre que, rápidamente, le dio el visto bueno para entrar a la sala oscura.
sábado, 23 de enero de 2010
Sobre la equidad y el Estado
Sandra Russo, en el Página/12 de hoy
domingo, 3 de enero de 2010
2009 = 41 libros = 10017 páginas
miércoles, 30 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
La sensación de accidentalidad
La anomia es patente, cunde entre personas respetables que a menudo se dañan a sí mismas o a sus seres queridos. Cual si fuera un exorcismo, si alguien arrasa con la vida de un prójimo ajeno, la vindicta es enorme: se trepa al dolo eventual, se piden condenas de décadas...
Cualquier delito contra la vida o la propiedad se inscribe en una categoría conceptual, “la inseguridad”. Los accidentes se tratan como sucesos aislados, “la tragedia”, “la fatalidad”. Pero no son hechos aislados, fatales o azarosos. Existe una fuerte tendencia social, que amerita un análisis más ponderado, sobre la que algo han comenzado a hacer las autoridades (scoring, controles de alcoholemia, sanciones más rigurosas). La accidentalidad, o como se la llame, es una responsabilidad colectiva que no se puede endilgar a morochos, jóvenes desquiciados por el paco y otro tipo de “ajenos”.
Tal vez no sea redituable cuestionar los comportamientos cotidianos de “la gente” (que es el público que consume los medios), de ahí que la cuestión se soslaye o se minimice. O se reduce a la inquisición (necesaria pero insuficiente) sobre el estado de las rutas o las banquinas. Cuestionar al estado o al Gobierno siempre rinde, trajinar las responsabilidades colectivas no está tan de moda".
Fragmento de la nota “Que no parezca un accidente”, escrita por Mario Wainfeld en Página/12 del domingo 13 de diciembre.
lunes, 7 de diciembre de 2009
De cocalero a presidente
"Todo lo que aprendí sobre moral lo aprendí en una cancha de fútbol"
Albert Camus (escritor y filósofo francés)
lunes, 30 de noviembre de 2009
De Tupamaro a presidente
Pepe Mujica, el reciente presidente electo del Uruguay, fue guerrillero. Habrán visto los titulares de algunos diarios: “Ex guerrillero fue elegido presidente de Uruguay”. La organización donde se jugó el pellejo se llamaba Tupamaros. Como muchos jóvenes de la época, el Pepe tomó las armas contra los gobiernos dictatoriales del momento. En eso, la organización a la que perteneció no se distinguió de muchas otras que hicieron lo mismo, o algo parecido, a lo largo y ancho de Latinoamérica. Pero los Tupamaros tienen en su haber dos historias que merecen ser conocidas. La primera es de película. El 13 de abril de 1971 la friolera de 111 presos (sí, leyeron bien: 111 presos) se fugaron de la cárcel de Punta Carretas por un túnel que conectaba una de las celdas con una casa vecina al penal. Si no fue récord Guinness, pegó en el palo. El otro datito es un poco más controversial pero simpático al fin. En una oportunidad los Tupamaros secuestraron a un empresario muy adinerado. Algo muy común en esa época. Lo hacían para exigir grandes cifras como rescate y, de esa manera, sostener la organización y distribuir lo recaudado con los pobres de los barrios marginales de Uruguay. Bueno, lo concreto fue que no encerraron al buen hombre rico en una pocilga de mala muerte. Lo vistieron como se vestía un obrero en esa época y le dieron el sueldo que ganaba uno de los empleados que trabajaba en la fábrica de él para que sienta en carne propia cómo es vivir con tan poca plata. No sabemos si el tipo aprendió, pero que los Tupamaros fueron originales no hay duda.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Sobre el miedo en Buenos Aires
Me da miedo la calle. Me da miedo el miedo del resto. El pánico. La mirada de la mujer que está cerrando el portón de su casa y me ve pasar y se sobresalta y desconfía y sé que el corazón se le acelera por unos segundos, porque son las 10 de la noche y la calle está un poco oscura y, de repente, aparece un hombre, yo, medio apurado porque tengo un hambre que me muero y no me quiero perder Ciega a citas. Terror a los movimientos pausados de un tipo que me tantea mientras cierra la puerta de su coche mientras pispea cómo meto la mano en mi bolso para sacar la llave de mi casa mientras activa la alarma mientras se queda tranquilo de que soy “uno de ellos”.
2.
Hoy, tipo 9 y media de la noche, fui a visitar a mi hermana. Cuando entre al palier del edificio, el portero me ataja y sin mediación alguna casi me ordena: “Firmá esto”. Me acerco interesado al papel y me encuentro con una carta mal redactada escrita por la dueña del edificio –arquitecta ella– que solicita al gobierno de la Ciudad que expulse de la vereda par de la calle Córdoba al 1700 a los cartoneros porque “son delincuentes, drogadictos y sucios”. Y ellos, los que firman, “son contribuyentes y ciudadanos de bien”. No me preocupa tanto esto, lo que dice la carta con graves problemas de sintaxis, sino la instintiva seguridad que el portero tuvo sobre mí: el tipo descarta que cualquier persona que traspase esa puerta vidriada firmará la misiva represora y reaccionaria.
Yo leí y dije: “Yo no voy a firmar esto”.
El portero me sacó de las manos el papel y concluyó la conversación con un violento: “No me des ninguna explicación”.
Ninguna explicación era posible.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Lo pequeño y lo valiente
“¿Qué me hizo llorar? ¿Que fuera tan fácil arreglar la silla, mientras que lo demás es tan difícil? ¿O sería porque me di cuenta de que ya no dependía de ti para esas cosas? ¡De ti! Son las cosas pequeñas las que nos asustan. Las cosas inmensas, aquellas que pueden matarnos, nos hacen valientes”
John Berger, en De A para X - Una historia en cartas




